6 agosto

El 23 de julio, el autodenominado Movimiento Estudiantil de Secundaria (Medse) estaba haciendo agua. Sus dirigentes habían demostrado insondable desconocimiento del proyecto de ley sobre educación dual, una de las principales causas invocadas para cerrar calles y colegios. Además, el vínculo con la Asociación Nacional de Empleados Públicos se hacía cada vez más aparente, proyectando sombra sobre la independencia del grupo estudiantil.

El director del colegio donde estudia el líder del “movimiento” reveló la imposibilidad de ofrecer clases a más de 1.350 estudiantes en Pital de San Carlos porque una decena de compañeros cerraba el acceso con candados y cadenas. Aparte de la inaceptable arbitrariedad, la denuncia evidenciaba la falta de apoyo a Medse en el propio colegio de su dirigente.

Para escapar a la exhibición de la ignorancia de sus representantes, en una entrevista radiofónica, el joven dirigente los negó como enviados suyos. Luego, negó su propia participación telefónica en el programa pese a la indiscutible evidencia existente contra los dos alegatos.

Poco antes, terminadas las vacaciones, Medse había renegado de un acuerdo con el gobierno porque “las bases” lo rechazaron. Nadie supo explicar quiénes integran las bases y dónde se reunieron en plena época de vacaciones. En todo caso, quedó claro que no son muy numerosas.

Pero ese 23 de julio, los cierres de vías se habían levantado y ya el país mostraba hastío frente al abuso de pequeños grupos de alumnos en cada vez menos colegios. Inexplicablemente, el gobierno había entregado a su ministro de Educación poco antes de despejar los bloqueos con intervención de la Fuerza Pública, como pudo haberlo hecho antes sin conceder tan importante victoria a los manifestantes, pero la nueva ministra se mostraba firme frente a Medse y sus reclamos. Ante la mirada impasible del “movimiento”, el Ministerio presentó denuncias penales contra los diez responsables de mantener cerrado el colegio de Pital.

Justo en ese momento, como si la prioridad del gobierno fuera revivir al desacreditado “movimiento” estudiantil, el entonces ministro de la Presidencia Rodolfo Piza apareció al lado del ministro de Trabajo, del sindicalista Albino Vargas y del dirigente de Medse para anunciar la graciosa concesión de una tregua de 30 días con el objeto de oficializar una “metodología de diálogo”.

El gobierno parece empeñado en creer en la representación de Medse y en fingir que existe la posibilidad de conversar racionalmente con su dirigencia. En realidad, está dando una peligrosa muestra de debilidad y pregonando a los cuatro vientos la idoneidad de la violencia como método para abrir las puertas de la Casa Presidencial.

A inicios de la semana, se anunció el encuentro del presidente, Carlos Alvarado, con Vargas y el dirigente de Medse. La cita está programada para mañana, pero el martes la Asamblea Legislativa aprobó, con 48 votos a favor y 2 en contra, el proyecto de ley de educación dual. Inmediatamente, Medse rompió la tregua y, según el periódico San Carlos Digital, su dirigente llamó a bloquear vías y fronteras. Como ha sido la norma, pocos acudieron al llamado. Según el Ministerio de Educación, hubo problemas en tres colegios.

Si el encuentro en la Casa Presidencial se celebra, el presidente se sentará a conversar con un joven para quien la voluntad abrumadoramente mayoritaria del Congreso y las explicaciones brindadas por los expertos no significan absolutamente nada. Lo importante es su mal informada voluntad y la disposición de su grupo de seguidores para cerrar vías. Así será mientras se le siga alentando desde la presidencia.