8 marzo

Las economías modernas funcionan con base en el crédito, que actúa como lubricante y permite ejecutar proyectos rentables aunque los emprendedores no cuenten con los recursos necesarios para ponerlos en marcha. Al conceder crédito, toda entidad financiera está expuesta a que el deudor no pueda honrar su compromiso. También asume un riesgo cambiario cuando el deudor tiene ingresos en moneda local y se endeuda en divisas. Además, existe el riesgo país, producto de factores macroeconómicos que los contratantes no controlan y pueden llevar a la mora generalizada. Venezuela y Argentina constituyen claros ejemplos.

Cuando las finanzas de un Gobierno son muy sensibles a lo que suceda con el tipo de cambio, también será grande la tentación de influir en las decisiones para mantener un tipo de cambio relativamente bajo.

Los riesgos idiosincrásicos, atribuibles a deudores individuales, son de fácil manejo para las entidades financieras, pues dependen de un buen análisis crediticio. En mucho, el riesgo cambiario también es manejable y una forma de mantenerlo bajo control es que la moneda del crédito coincida con aquella en que se expresan los ingresos del solicitante. Un exportador recibiría crédito en dólares si los ingresos por ventas se producen en esa moneda.

Pero en el sistema se combinan otros factores que demandan especial cuidado al conceder y administrar créditos. Uno se relaciona con las tasas de interés locales e internacionales. Si las tasas para préstamos en colones son relativamente altas y baja la devaluación esperada, un solicitante podría inclinarse por obtener crédito en dólares. En Costa Rica, muchos demandantes de crédito procedieron de esta manera en el pasado reciente y salieron gananciosos.

Pero las autoridades locales y las entidades internacionales especializadas consideran excesivo el grado de dolarización del crédito en el país. Una devaluación inesperadamente elevada podría sumir a muchos deudores en dificultades. Como se trata de un riesgo sistémico, pues afecta a muchas entidades crediticias a la vez, su materialización amenazaría el sistema financiero como un todo. Y, como lo ilustra la evidencia empírica, cuando el sistema financiero de un país entra en problemas, toda la economía sufre.

En consecuencia, las autoridades locales, en particular la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef), han insistido en que las empresas del sector deben tratar de empatar la moneda en que se expresan los créditos con la de los ingresos de los deudores. Si una persona o empresa obtiene ingresos en colones, en colones se expresará el crédito.

En consecuencia, la importancia relativa del crédito en dólares concedido por el sistema bancario nacional ha bajado de casi un 60 % en el 2004 a menos del 50 % en la actualidad. Es de prever que esa tendencia continúe si, para iguales plazos, la diferencia entre las tasas de interés para créditos en dólares y colones se mantuviera en un valor muy cercano al de la devaluación esperada.

Pero sí, por distorsiones de otro tipo, las tasas para préstamos en colones subieran, no es de extrañar que los demandantes de crédito vuelvan a endeudarse en divisas. Si lo hacen, volverá a elevarse el riesgo cambiario, como también ocurre cuando el Ministerio de Hacienda se endeuda en dólares. En el Gobierno Central, buena parte de los ingresos están ligados al tipo de cambio. Es el caso de los impuestos aduaneros, donde los valores de las importaciones en moneda extranjera se convierten a colones al tipo de cambio de mercado. Algo parecido ocurre con respecto al impuesto sobre el valor agregado (IVA), pero no con el impuesto sobre la renta de las personas físicas y de las empresas cuyos ingresos son en colones. Por eso, el Ministerio de Hacienda no debe endeudarse alegremente en el exterior solo porque las tasas en los mercados extranjeros son menores, pues también incurre en un riesgo cambiario.

Cuando las finanzas de un Gobierno son muy sensibles a lo que suceda con el tipo de cambio, también será grande la tentación de influir en las decisiones del Banco Central para mantener un tipo de cambio relativamente bajo, con independencia de lo que indiquen las circunstancias. Cuando eso se da, se puede causar daño al sector exportador y al que compite con el extranjero. La solicitud y concesión de crédito, tanto en el sector privado como en el público, exige prudencia.