30 diciembre, 2018

Dice una máxima que, en el subconsciente, los empresarios favorecen un esquema de competencia para lo que compran y uno de monopolio para lo que venden. A los consumidores, cuyo bienestar es la meta de las políticas públicas, solo les sirve la competencia.

El Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) acaba de conocer una solicitud de la empresa nacional ArcelorMittal, fabricante de varillas de construcción, para imponer un arancel temporal (impuesto a la importación) del 14 % a ese producto. La industria alega un fuerte aumento de las importaciones “a precios bajos”, lo cual afecta la fabricación nacional. El arancel se sumaría al existente para llevar la barrera proteccionista al 15 %.

El MEIC rechazó la solicitud argumentando que sus estudios no identificaron la existencia de un perjuicio o amenaza de daño grave a la producción nacional de varilla. La decisión fue bien recibida por expertos y por consumidores del producto. Según Randall Murillo, director ejecutivo de la Cámara Costarricense de la Construcción, “la decisión del MEIC respalda la competencia y evitará la formación de un perjudicial monopolio”, que significaría “un golpe a la economía, pues se trata de un producto indispensable e insustituible en el proceso constructivo” (“MEIC rechaza subir impuesto a varilla para la construcción”, La Nación, 18/12/2018).

A diferencia del impuestos sobre las ventas o sobre el valor agregado, que no discriminan por origen de producción, el arancel solo opera sobre las importaciones. Su efecto es más proteccionista que fiscal. Eleva el precio para el consumidor sin obligar al productor nacional a procurar eficiencia productiva. Por eso la decisión del MEIC debe ser bien recibida.

Siempre conviene tener presente el posible perjuicio para la competencia internacional si algún país, o grupo de países, opta por subsidiar su producción para hacerla parecer artificialmente barata. La Organización Mundial de Comercio (OMC) tiene reglas de operación para permitir a los países afectados adoptar impuestos compensatorios cuando se compruebe un caso de subsidio oficial, o de dumping, que consiste en vender a un precio inferior al costo de producción para eliminar competidores. Pero en el caso de la varilla de construcción importada no se está frente a una de las situaciones comentadas.

El MEIC debe resguardar con gran celo y profesionalismo el supremo interés nacional, que consiste en favorecer el régimen de competencia, pero, también, apoyar a las empresas locales cuando surja un competidor desleal debidamente comprobado (subsidios oficiales, dumping) que pueda perjudicarlas.

Costa Rica, afortunadamente, cambió del modelo económico proteccionista, característico del Mercado Común Centroamericano, por uno de apertura e integración al comercio mundial. El cambio redundó en un aumento de las exportaciones y en la diversificación de nuestra oferta exportable. Si bien la decisión del MEIC de rechazar la solicitud de imponer un arancel temporal del 14 % a la varilla de construcción es bienvenida, es preciso insistir en completar la tarea de revisión de otras medidas proteccionistas, como las impuestas al arroz, tan criticadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre otros organismos y sectores.

Según la OCDE, los agricultores dedicados a la exportación operan razonablemente bien, pero los orientados al consumo interno sufren baja productividad. La diferencia es que los exportadores se prepararon para competir, lo cual los obliga a innovar, pero buena parte de la producción para el consumo interno (arroz, leche, carne de res y cerdo) opera a la sombra de esquemas proteccionistas que restan incentivos a la superación. El señalamiento es, o debería ser, toda una agenda para el MEIC.