Editorial

Editorial: Buen tono para la campaña

En los últimos días, Saborío y Figueres asumieron posiciones acertadas y contrarias al criterio de diputados de sus bancadas legislativas

La candidata presidencial de la Unidad Socialcristiana, Lineth Saborío, hace una importante contribución al tono de la campaña electoral al mantenerse firme en su posición a favor de los créditos por $500 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pese a la oposición de una parte de los diputados de su partido, comenzando por el jefe de fracción, Pablo Heriberto Abarca.

La candidata explicó con claridad las razones de su decisión. Los préstamos sustituirían financiamiento interno, con significativo ahorro en el pago de intereses, y ayudarían a evitar nuevas presiones sobre las tasas internas. Hablar de reactivación económica y mostrarse indiferente ante las tasas de interés es un contrasentido. Con su decisión, Saborío privilegia la coherencia en lugar del desenfrenado deseo de presentarse como oposición a ultranza, sin rumbo ni propósito, como ha sido la tónica de varios diputados de su partido.

José María Figueres, el otro puntero de la contienda según las encuestas, dio similares muestras de realismo y responsabilidad cuando llamó a sacar adelante la agenda del Fondo Monetario Internacional y, también contra el criterio de una buena parte de su fracción, instó a aprobar límites a la reelección de los alcaldes.

La reforma es uno de los ajustes más trascendentales para la política nacional y un tema especialmente sensible en el Partido Liberación Nacional, aunque la Unidad Socialcristiana fue la primera en retroceder hacia la municipalización de sus estructuras y el reconocimiento de desproporcionadas cuotas de poder a los alcaldes, cuya influencia descansa, en buena parte, en las ventajas concedidas por el sistema para facilitarles reelecciones por tiempo indefinido.

En buena hora los aspirantes debaten sobre la mejor fórmula, entre varias posibles, para limitar la reelección. Ojalá ofrezcan sus puntos de vista sobre el mejor tratamiento de la deuda y la ruta para reducirla hasta evitar los rigores de la regla fiscal. Tampoco estaría mal celebrar las coincidencias, como el acuerdo de ambos para la tramitación de la ley de empleo público. La responsabilidad debe tener su espacio en las contiendas electorales.

El país está urgido de una campaña en tono constructivo, sin ocurrencias ni berrinches y con mucha menos demagogia. Si la Asamblea Legislativa olvida en algún momento su obligación de constituirse en el foro de la discusión seria y ponderada, los candidatos, especialmente los vinculados con las fracciones más numerosas, no deben dejarse arrastrar hacia la destemplanza.

Por el contrario, cuanto más firme sea la confianza en una victoria, mayor debe ser el deseo de crear condiciones para un buen comienzo y desarrollo del próximo gobierno. El proceso electoral del momento tiene la particularidad de no presentar una opción oficialista fuerte. A la administración Alvarado le quedan cuatro meses y el Partido Acción Ciudadana está muy rezagado en las encuestas. Los candidatos pierden el tiempo, a estas alturas, si enfilan baterías contra el gobierno y las iniciativas fiscales que podría allanarles el camino de una eventual administración.

Lo mismo vale para el resto de aspirantes presidenciales. Las preferencias de los electores no están consolidadas y hay muchos indecisos. Nada permite descartar una sorpresa en enero, pero Figueres y Saborío están bien posicionados para marcar el tono de la campaña por su lugar en las encuestas y el tamaño de sus fracciones legislativas. Las posiciones asumidas en los últimos días son una buena forma de entrar en la tregua de fin de año para volver en enero a competir por el apoyo de los electores.

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