17 marzo

La Iniciativa Electrificación del Transporte Público dará un enorme paso adelante dentro de seis meses, cuando comiencen a brindar servicio 15 autobuses integrados al plan piloto conjunto del gobierno y una docena de empresarios del sector. Los doce concesionarios invirtieron en igual número de autobuses totalmente eléctricos y el gobierno aportará otros tres, donados por la agencia de cooperación alemana.

Para asegurar la validez de las conclusiones y su uso en todo el territorio, las 15 unidades brindarán servicio en rutas con características diversas.

Los empresarios se comprometieron a entregar la información relacionada con la operación del transporte público eléctrico e idénticos datos de, cuando menos, un vehículo de combustión. La comparación brindará lineamientos indispensables para tomar decisiones sobre la ampliación de la iniciativa.

Para asegurar la validez de las conclusiones y su uso en todo el territorio nacional, los 15 autobuses brindarán servicio en rutas con características diversas para medir el desempeño de la tecnología en distintas condiciones de altitud, temperatura, humedad, carretera y número de usuarios, entre otros factores. Por eso, se les asignarán a rutas tan distintas como Guápiles-Puerto Viejo de Sarapiquí y San José-Escazú.

Santiago de Chile nos lleva casi cuatro años de ventaja y ha venido ampliando la inversión en la flotilla eléctrica hasta aproximadamente 200 unidades. Las pruebas comenzaron con un solo autobús a finales del 2016. Cali, en Colombia, recientemente, adquirió 125 unidades y hay planes piloto en Buenos Aires y Panamá.

La tecnología viene mejorando, sobre todo el desarrollo de baterías más duraderas y capaces de dotar los vehículos de más autonomía. Las condiciones de nuestro país parecen idóneas para la adopción de una flotilla eléctrica. Somos ricos en fuentes limpias de electricidad y las dimensiones del territorio minimizan los problemas planteados por vehículos autoconducidos. Por el momento, las baterías permiten recorridos cercanos a 250 kilómetros, suficiente para atender las rutas urbanas, donde más urge disminuir la contaminación.

Las baterías también progresan en cuanto al tiempo requerido para la recarga, que puede hacerse de madrugada, cuando bajan la demanda energética y el precio. En la actualidad, la operación tarda poco más de tres horas. La nueva tecnología vehicular reduce en un 70 % los costos de mantenimiento. El gasto en aceites y repuestos disminuye significativamente por la relativa simplicidad del motor eléctrico, cuya operación silenciosa alivia la contaminación sónica además de evitar la liberación de millones de toneladas de dióxido de carbono.

Las baterías rinden hasta 1,5 kilómetros por kilovatio hora (kWh). El costo del diésel por el mismo recorrido es muy superior, pero la brecha podría crecer, a favor del usuario, si el país lograra aprovechar mejor sus recursos y reducir la tarifa eléctrica. Por eso, es digna de consideración la petición de los transportistas para incluir a los generadores privados de electricidad en el plan piloto.

El abaratamiento de la energía y la explotación de otras fuentes, como la geotermia, servirían también de estímulo para la adopción de la electricidad en el transporte particular, principal fuente de contaminación en el país. Analistas de la industria del automóvil han ajustado a la baja la fecha de encuentro del precio del auto eléctrico con el de combustión. Cuando valgan igual, la electricidad será una mejor propuesta de valor. Energía más barata y menos costos de mantenimiento, sumados a la caída en la inversión inicial, harán que el consumidor se encargue de impulsar el cambio.