24 mayo

El próximo año, gracias al conocimiento y empeño de dos experimentadas educadoras, el apoyo de la Fundación Crusa y el aval del Ministerio de Educación (MEP), 1.250 docentes de preescolar contarán con mejores herramientas didácticas para estimular la expresión y comprensión oral, la escritura y la lectura de 28.000 niños en siete regiones del país. La iniciativa, de la cual informamos el domingo anterior, es fuente de optimismo, no solo por el ejemplo que dan sus impulsoras, Alda Cañas y Victoria Coronado, sino por lo que puede representar hacia el futuro y lo que muestra sobre rutas posibles para mejorar la calidad de nuestra educación.

Si tomamos en cuenta la población total de preescolar y que el proyecto solo abarca, hasta ahora, una de las cuatro unidades didácticas del programa, su importancia podría parecer modesta; sin embargo, está muy lejos de ello. No solo tiene el potencial de expandirse en receptores y contenidos; igualmente relevante es que difunde metodologías innovadoras, eficaces, accesibles y atractivas para uso de los educadores, y pone de manifiesto, nuevamente, el valor de las alianzas público-privadas en el ámbito educativo.

En Costa Rica, hemos avanzado en este tipo de vinculaciones, pero con extrema lentitud. Es hora de acelerar la marcha y de que el MEP y otras instancias estatales adopten una actitud no solo receptiva, sino también proactiva para acoger, impulsar y hasta financiar iniciativas no gubernamentales serias y bien sustentadas, que amplíen la gama de posibilidades y modalidades educativas.

La Fundación Omar Dengo (FOD), creada en 1987 para promover el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación en la educación y, así, ampliar las potencialidades y habilidades de las personas, es un claro ejemplo del impacto transformador que puede alcanzarse gracias a las alianzas educativas público-privadas. En este caso, el apoyo e interacción constantes entre la FOD y el MEP, sobre la base de gran rigor técnico-didáctico, eficiencia y transparencia en el uso de los recursos públicos y el aporte privado, ha sido clave para conseguir una cobertura que, al cierre del 2017, llegaba al 87 % de los estudiantes de educación diurna, desde preescolar hasta el tercer ciclo. Y su efecto a lo largo de los años, al que se añadieron luego las carreras universitarias en informática, han sido claves para el surgimiento y desarrollo de una industria de software en el país.

En agosto del pasado año, el presidente, Carlos Alvarado, anunció otra amplia iniciativa que, bien manejada, constantemente evaluada y ajustada, y sostenida a lo largo del tiempo, puede tener amplio impacto positivo en otro ámbito clave para el desarrollo humano y laboral: el manejo de un segundo idioma. Denominada Alianza para el Bilingüismo (ABi), está orientada tanto a la enseñanza del inglés como de otras destrezas y habilidades que mejoren la empleabilidad. En ella se conjugan aportes del MEP, el Ministerio de Trabajo y el Instituto Nacional de Aprendizaje, con los del sector privado y organizaciones no gubernamentales, entre ellos la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde) y la Fundación para la Sostenibilidad y la Equidad (Aliarse).

Pero la importancia de esfuerzos de gran calado como los anteriores no debe conducir a la marginación de otros muchos que, precisamente por su diversidad y escala más pequeña, constituyen verdaderos laboratorios de innovación educativa que, además, ya están beneficiando en campos específicos, a pesar de sus escasos recursos. Allí están, por ejemplo, la fundación Amigos del Aprendizaje (ADA), centrada en metodologías para la lectoescritura, o la emergente Carretica Cuentera, que impulsa la creación de relatos infantiles como vía para la socialización y el aprendizaje. Pero hay muchas iniciativas más. De ahí lo significativo de que el MEP sea un agente activo para su impulso, ciertamente ordenado, pero también dinámico, flexible y con apertura hacia la innovación. Los ejemplos mencionados revelan que el talento, compromiso e ímpetu son abundantes. Vale la pena potenciarlos aún más.