Hace 3 días

La cantidad de trámites, su complejidad y el ritmo exasperante de la burocracia cuestan al país miles de millones al año. Los costos directos son los más fáciles de cuantificar, pero el impacto general sobre el desarrollo y el empleo es muchas veces más elevado. Solo en el sector de la construcción, un estudio de la Academia de Centroamérica determinó, el año pasado, que el atraso de proyectos cuesta el equivalente a la inversión requerida para edificar 5.284 viviendas de interés social y crear 4.622 empleos.

Esos números conducen a imaginar el efecto de la tramitomanía sobre el resto del aparato productivo. Ningún sector se salva. En la agricultura, los productores se quejan del tiempo necesario para inscribir nuevos productos químicos. En ocasiones, el proceso es un dramático contrasentido. Moléculas inscritas en Europa o Estados Unidos, donde los controles son rigurosos, deben pasar un largo trámite local. Mientras tanto, los agricultores se ven condenados a emplear químicos superados y dañinos.

Setena logró disminuir la cantidad de expedientes atrasados y, al mismo tiempo, ejercer mejor control sobre los proyectos relevantes, que también han ganado en agilidad.

Los exportadores han debido vérselas con autoridades de otros países, preocupadas por el uso de químicos anticuados en el sector agrícola, pero también enfrentan obstáculos específicos del comercio internacional. El comercio local no está exento de retos burocráticos y el largo plazo para abrir un local con todos los permisos es fuente de quejas constantes.

Tales son las dimensiones del problema que ningún gobierno reciente ha dejado de notarlo y prometer soluciones. Para lograrlas, han nombrado viceministros encargados específicamente de trámites, promulgado leyes y establecido esquemas de eliminación de requisitos con obligación de informar periódicamente al mismísimo presidente de la República. Los éxitos han sido modestos.

Por eso, es esperanzador el avance percibido en uno de los principales cuellos de botella de la burocracia nacional. Los permisos encargados a la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena) han estado a la cabeza de los procesos más temidos. En el estudio de la Academia de Centroamérica sobre el sector de la construcción, solo compiten con los “requisitos previos” como barrera y costo.

De pronto, una serie de medidas administrativas han conseguido agilizar los trámites, sin necesidad de reformas legales. En parte, se trata de decisiones fundadas en el mero sentido común. Proyectos de bajo impacto se tramitan con declaraciones juradas y comprobaciones a posteriori para dedicar esfuerzos a los de mediana y gran incidencia. Setena logró disminuir la cantidad de expedientes atrasados y, al mismo tiempo, ejercer mejor control sobre los proyectos relevantes, que también han ganado en agilidad.

La institución ha intensificado el uso de la tecnología para reducir la necesidad de visitas de campo y gestionar con rapidez las solicitudes más sencillas, algunas de las cuales pueden ser resueltas en un solo día.

Si lo dijera la institución, encontraría justificada incredulidad, pero los usuarios comienzan a notar el cambio. La Unión de Cámaras dice tener conocimiento de la mejora, aunque, según su criterio, una parte se debería a la desaceleración económica de los últimos meses. La Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde) también ha recibido informes de más agilidad en los trámites y el Consejo Nacional de Concesiones lo percibe de forma inequívoca. La Cámara de la Construcción se mantiene escéptica, a la espera de tener cifras oficiales e informes de sus asociados.

Pero los números disponibles apuntan a una significativa disminución del número de expedientes en curso y, de acuerdo con la nueva secretaria general, Cynthia Barzuna, el tiempo de resolución se ha acortado. Si bien admite la persistencia de quejas, la funcionaria encuentra satisfacción en que hoy se deben a demoras de meses, no años.

Si la práctica confirma la mejora en Setena, uno de los más formidables diques burocráticos, el ejemplo es posible extenderlo más allá. Los avances en esta materia incrementarían el atractivo del país para la inversión extranjera y animarían la nacional. Ese es un elemento indispensable en todo plan de reactivación económica.