2 enero

La gran diferencia entre los ingresos tributarios y los gastos del Gobierno Central, situada el año pasado en un nivel superior al 6 % del valor de la producción nacional (PIB), terminó por mostrar, con violencia, su costo financiero. La captación del gobierno del jueves 21 de diciembre, por un monto de $339 millones y con un plazo de año y medio, se materializó a una tasa de interés del 6,03 % anual, aunque la convocatoria contemplaba una tasa del 4,03 %.

El incremento en el déficit fiscal presiona hacia arriba las tasas pasivas.
El incremento en el déficit fiscal presiona hacia arriba las tasas pasivas.

El mercado financiero costarricense es muy pequeño para atender, sin reaccionar, demandas de crédito tan elevadas como las que en este momento y en el futuro previsible se han de esperar del Gobierno Central. Dada la tendencia al alza de las tasas internacionales, que indirectamente influyen en las domésticas, así como la presión ejercida por el fisco, los participantes en el mercado interno esperaban un incremento del costo del crédito. Lo que quizá no esperaban era un aumento tan significativo como el del jueves 21 de diciembre, que fue de 2 puntos porcentuales.

Como informamos al día siguiente (“Hacienda presiona tasas para captar $339 millones en bolsa”), algunos participantes en el mercado consideran que el notable aumento refleja cierta desesperación del Ministerio de Hacienda para captar recursos. El gobierno tuvo problemas de liquidez y pasó apuros para atender los pagos de aguinaldos, a principios de diciembre, y la captación del jueves 21 le sirvió para atender el pago de sueldos en los días siguientes. Hubo poca previsión y el mercado aprovechó la circunstancia. El gobierno debe hacer una mejor planificación de sus necesidades para diluir las captaciones y evitar darle sustos al mercado con demandas elevadas.

Pero la tendencia al alza en las tasas parece inevitable y hasta el propio Banco Central de Costa Rica (BCCR) elevó las tasas de captación en colones del Central Directo en un rango de entre 0,4 y 1,5 puntos porcentuales. La elevación de tasas implica que la rentabilidad de títulos de deuda comparables en poder de los inversionistas baje de valor y, como los bonos del Gobierno Central y del BCCR son parte importante de muchas carteras de inversiones, también sufrirá su valor, lo cual se reflejará según el principio contable que exige registrarlas a valor de mercado. Por eso, el gerente de la Bolsa Nacional de Valores manifestó que el ajuste en las tasas de interés del pasado jueves “desplazará las curvas de referencia, tendrá un impacto en la revalorización de las carteras y fijará nuevos precios de referencia para futuras subastas” de bonos.

Operar con un déficit fiscal elevado, como ocurre en Costa Rica, normalmente lesiona la economía por varias vías. Una es el aumento del costo del crédito para el propio sector público, que ejerce un fuerte impacto sobre el gobierno, pues termina por dirigir recursos al pago de intereses en vez de otros renglones del gasto público. La otra es elevar el costo del crédito para el sector privado. El déficit fiscal también tiende a presionar el mercado cambiario y eso se traduce en una elevación del tipo de cambio.

Más tarde o más temprano, el déficit se traduce en problemas macroeconómicos Por eso, las autoridades deben tomar acciones para bajarlo, pero la actual administración no parece haber tomado nota. Los ajustes fiscales deben ser de calidad, ajustados a principios de equidad generalmente aceptados y no lesivos para el crecimiento de la economía. Los ajustes consistentes únicamente en elevar impuestos se convierten en un fardo más sobre las espaldas del sector productivo.

En las circunstancias, es razonable esperar que las tasas de interés, tanto para operaciones denominadas en colones como en divisas, tiendan a elevarse en el futuro cercano. Es necesario que la Tesorería Nacional haga una mejor planificación de sus necesidades de recursos y evite sorprender al mercado con subastas de montos elevados, a última hora, como la del jueves 21. Si bien en lo que resta a la administración Solís no se sentirá el impacto total del fenómeno financiero, la que resulte electa tendrá la urgente tarea de atender el desequilibrio fiscal.