Joyce Zürcher B.. 5 enero

Tomando como base el comentario hecho en estas páginas, el 31 de diciembre, por Juan Carlos Hidalgo, a quien tengo en gran estima intelectual, debo señalar que coincido absolutamente sobre los hechos que señala, pero no en sus apreciaciones subjetivas.

En primer lugar, analicemos las elecciones. Es cierto que las consideraciones morales en relación con la ideología de género y el aborto ocuparon un lugar determinante en las decisiones electorales, pero también tales consideraciones se mezclaron con el rechazo que el pueblo tiene contra la corrupción, la mentira, el engaño, la manipulación atribuible a algunos políticos que no coordinan sus ofertas de campaña con sus actos administrativos.

En términos hegelianos, las vicisitudes vividas en el 2018 se presentan como antítesis de una tesis que se inició y construyó hace medio siglo

Todas estas variables se manifestarán en las futuras elecciones, pero lo bueno del caso es que lo sabemos y tendremos que hacer esfuerzos para que las decisiones políticas se enfoquen en asuntos nacionales que consideren el bienestar y el desarrollo de las mayorías como lo manda la democracia. El conocimiento de esta situación es ganancia.

Es cierto, como dice Hidalgo, el país fue puesto contra la pared en materia financiera por Luis Guillermo Solís en su gobierno, y añado yo, situación fiscal que no solo fue causada por Solís, sino que venimos arrastrando desde hace años por falta de voluntad política de nuestros gobernantes y de la Asamblea Legislativa, que se dedicaron a buscar pretextos para “patear la bola” con tal de no pagar el costo político.

Gracias a que Carlos Alvarado y la Asamblea Legislativa se mantuvieron firmes para evitar que la espada de Damocles cayera sobre nuestras cabezas, hemos ganado un poquito de tiempo para mejorar nuestra situación. Es cierto que la reforma fiscal recientemente aprobada no es más que una pequeña panacea frente a la terrible realidad de un Estado desfinanciado. Pero el problema se ha puesto sobre el tapete y conocemos la urgencia de trabajar seriamente para arreglarlo.

Sabemos que, de no hacerlo, necesariamente gestaríamos gravísimo perjuicio para todos, y mayoritariamente para la gente económicamente más pobre, que no tendría alternativa alguna. El conocimiento de nuestra responsabilidad es asunto positivo.

Eficiencia. Es cierto que los sindicatos sufrieron una enorme derrota en su huelga injustificada. Pero su lucha para defender sus beneficios ha evidenciado el enorme desperdicio de recursos que invertimos para pagar salarios a gente que no está interesada en su desempeño, sino únicamente en su beneficio personal presente y futuro. Lo anterior se ha evidenciado a lo largo y ancho del Estado, incluso en las universidades públicas y el Poder Judicial.

El conocimiento de las pifias, de las pensiones y salarios de lujo, de los desperdicios, nos demanda sin duda revisar el gasto público para hacerlo más eficiente y eficaz. No solo se trata de lo fiscal, sino también de solventar la necesidad de mejores servicios públicos que proporcionen la infraestructura que impulse el desarrollo: MEP que eduque. MOPT que contrate adecuadamente y sin pifias. ICE que no incurra en malas decisiones que inciden en el precio de la electricidad. CCSS que mejore su administración, que genera gastos innecesarios y pérdidas enormes…

En términos generales, un Estado que sirva al propósito de ofrecer oportunidades de desarrollo y crecimiento económico para todos. La conciencia de la baja eficiencia y eficacia del Estado nos exige corregir la situación. Y esto es positivo.

En cuanto a la Asamblea Legislativa, hemos visto, como bien lo afirma Hidalgo, levantarse algunas voces que pueden conjuntarse para planificar y construir un mejor futuro, pese a pertenecer a distintos partidos políticos. Aunque esto es apenas es un primer paso, nos permite visualizar un Congreso capaz de desprenderse de sus pleitos políticos para pensar en el bien común y el futuro de nuestra nación. Y esto es excelente.

Despertar. Para mí, el año viejo nos despertó de nuestro “sueño dogmático”. Nos hizo poner los pies en la tierra. Nos exigió pensar en nuestra responsabilidad común y general sobre el futuro de nuestro país. No se trata de asuntos triviales. Se trata de plantearnos responsablemente el futuro.

Yo no olvidaré nunca el año viejo 2018. Fue un año importantísimo para la toma de conciencia de cada uno de nosotros sobre los problemas que pesan en nuestros hombros.

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Un 2018 para recordar

En términos hegelianos, las vicisitudes vividas en el 2018 se presentan como antítesis de una tesis que se inició y construyó hace medio siglo, pero que como toda tesis, en el tiempo ha producido sus inherentes problemas que frenan su desarrollo.

Debemos dar el paso hacia la síntesis-tesis innovadora y creativa, necesaria para volver a poner a Costa Rica a caminar hacia adelante en democracia sin que nos tiemble la mano.

La autora es filósofa.