Columnistas

Ucrania: hambre y violencia

Las consecuencias económicas y sociales de la guerra son de carácter global

La invasión de Rusia a Ucrania es hasta la fecha un conflicto armado confinado al territorio ucraniano, y mantenemos la esperanza de que se mantenga en esa condición, aunque sus consecuencias económicas y sociales lamentablemente sean de carácter global.

Uno de los más graves efectos es la crisis de alimentos, que amenaza a las poblaciones más vulnerables y, quizá, desemboque en violencia. Recordemos el 2011 y la Primavera Árabe.

Rusia y Ucrania representan un tercio de las exportaciones de dos granos vitales para la alimentación: el trigo y la cebada, casualmente de alto consumo de los grupos menos aventajados de la sociedad. A esto se suman los problemas preexistentes de bajos rendimientos en la productividad en la India y Estados Unidos, derivados del cambio climático y las disrupciones en las cadenas globales durante la pandemia.

Según cálculos de especialistas, alrededor de 800 millones de personas se verán directamente afectados por la disrupción de granos de esos países, especialmente Egipto, dependiente en un 80% de las importaciones para abastecer a sus 100 millones de habitantes, y el Congo, dependiente en un 70% de dichos suplidores.

Lo triste para muchos productores ucranianos que están lidiando con los embates de la guerra es que una mayoría de estos perderán sus cosechas por la incapacidad de exportar sus productos a causa del bloqueo en Odesa, puerto de salida del 90% de las exportaciones, o por la falta de buques, que son mayoritariamente rusos.

El aumento en los hidrocarburos, producto de la invasión, aumentará los costos del transporte y lo mismo sucederá con los fertilizantes, por ser ambas naciones cruciales en el mercado global, lo que pone en jaque los rendimientos futuros, a lo que se suma el incremento del costo.

No creamos que el problema se quedará en África y el Medio Oriente, en Costa Rica hay poblaciones sumamente vulnerables, que sufren el incremento del costo de vida a consecuencia de la inflación, el más ingrato impuesto para los pobres.

Se habla de un subsidio para el transporte mediante un crédito del BCIE, muy significativo por su impacto social, pero quizás sea más urgente echar una mano a esa población para satisfacer sus necesidades alimentarias.

nmarin@alvarezymarin.com

La autora es politóloga.

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