Rolando Guzmán. 31 agosto, 2018

El lenguaje políticamente correcto se caracteriza por las reverencias, eufemismos, evitar las verdades incómodas, no llamar las cosas por su nombre y por hablar con un temor respetuoso hacia las personas. Si algo caracteriza a Donald Trump, no precisamente son el temor y el respeto, su personalidad es más bien irreverente, agresiva, prepotente, narcisista, competitiva, características más típicas de un poderoso empresario no de un político tradicional.

La prensa y sus enemigos no han podido descifrarlo porque su comportamiento y actuar son impulsivos e impredecibles, van en contra del statu quo, ha demostrado que así como cumple sus constantes amenazas también cumple sus promesas de campaña, y ha roto con todos los moldes de cómo se hace la política.

Con su estilo directo y confrontativo, poco diplomático y con el lema America First la estrategia de Trump ha dejado réditos positivos en tan solo un año y medio

Los medios de comunicación, periodistas, editorialistas, intelectuales y progresistas se han ensañado en contra de su personalidad y muy pocos se atreven, porque resulta políticamente incorrecto, mencionar los logros de su gestión.

Una de las principales promesas de campaña era pasar una vigorosa ley de reforma fiscal y rebaja de impuestos que auguraba impulsar el crecimiento de la economía. Dicha ley se volvió realidad en enero de este año sin obtener ni un solo voto demócrata.

En los primeros nueve meses del año fiscal, el Departamento del Tesoro captó la suma récord de $1,3 billones en impuestos de personas físicas, $71.000 millones más que lo recaudado de octubre a junio del 2017.

El impuesto corporativo bajó del 35 % al 21 % razón por la cual $300.000 millones han sido repatriados tan solo en el primer cuatrimestre del 2018. En comparación en el mismo periodo del 2017, solo $35.000 millones fueron repatriados.

Compañías norteamericanas que estaban construyendo sus fábricas fuera de los Estados Unidos ahora están volviendo a casa. Apple anunció en enero que gracias a la rebaja en los impuestos va a invertir $30.000 millones en un periodo de cinco años y creará 20.000 nuevos puestos de trabajo. Se prevé que pague $38.000 millones en impuestos por repatriar $252.000 millones, que será el pago más cuantioso jamás visto.

Muchas otras empresas están siguiendo el ejemplo de Apple, pues se calcula que las compañías norteamericanas tienen alrededor de $2,6 billones en dinero parqueado en cuentas en el exterior, suma equivalente al PIB del Reino Unido.

Buen desempeño. El año antes de la toma de posesión la inversión privada creció un 1,8 %, el año pasado un 6,3 % y este año lo hace a un ritmo del 9,4 %. En los 16 años de las administraciones Bush y Obama se promedió un crecimiento anual de la economía del 1,8 %. El primer año de Trump la economía creció un 2,3 %, en el primer trimestre del 2018 un 2,2 % y en el segundo trimestre un 4,1 %, el mejor desempeño desde el último trimestre del 2014.

La gran mayoría de los economistas pronosticaron tras la victoria de Trump una debacle de proporciones épicas en el comportamiento de la Bolsa de Valores. Para sorpresa de todos, el índice Dow Jones ha subido un 37 % desde que Trump ganó la elección, el mayor aumento desde que Roosevelt fuera presidente.

La importancia de dicho aumento es relevante, pues el 54 % de los estadounidenses invierten en el mercado accionario, ya sea de forma individual, en fondos mutuos, fondos de pensión o planes de retiro, por lo cual han visto grandes ganancias en sus ahorros.

La tasa de desempleo está en un 3,9 %, el mínimo en 17 años. Se han creado 3,7 millones de empleos desde la ultima elección y la economía está en empleo pleno, el número de desempleados es igual al número de ofertas de trabajo. Las cifras de desempleo entre afroamericanos, hispanos y mujeres están alcanzando mínimos históricos.

En cumplimiento de otra promesa de campaña se han firmado varios decretos para reducir regulaciones federales y trámites administrativos. Se han eliminado o suspendido cerca de 1.600 por lo que se ahorrarán 15 millones de horas anuales en trámites y papeleo. El objetivo es eliminar tres regulaciones por cada nueva que sea creada.

Guerra comercial. Trump cree en el libre comercio, pero considera que los Estados Unidos no son tratados justamente porque tiene grandes déficits comerciales especialmente con China, la Unión Europea (UE), México y Canadá, que suman $817.000 millones anuales.

La guerra comercial con la UE pareciera se esta resolviendo luego de que Trump amenazó con elevar los impuestos a los vehículos europeos de un 2,5 % a un 25 %. Es interesante recalcar que la UE cobra un arancel del 10 % a los autos importados de Estados Unidos. Luego de una visita a la Casa Blanca del presidente de la Comisión Europea, llegaron al acuerdo de abolir aranceles, trabas regulatorias y subsidios para todos los bienes industriales excluyendo la industria automotriz. Además, se reducirán considerablemente impuestos a productos químicos, médicos, farmacéuticos y servicios, y la UE va a importar soya y gas licuado de los Estados Unidos.

A pesar de los diferendos comerciales, las exportaciones de los Estados Unidos han aumentado un 20 % y el déficit comercial ha disminuido en $52.000 millones. Cabe destacar que el tratado de libre comercio con Canadá y México (Nafta, por sus siglas en inglés) se está renegociando y China está convocando a la Casa Blanca para una posible solución al conflicto comercial.

Con su estilo directo y confrontativo, poco diplomático y con el lema America First la estrategia de Trump ha dejado réditos positivos en tan solo un año y medio, los números lo demuestran, el secreto ha sido impuestos bajos, menos regulaciones y crear confianza en la economía.

En comparación, en Costa Rica no hemos podido superar el estilo del “nadadito de perro”, de no querer afrontar los problemas con valentía, todas las decisiones importantes las posponemos inventando mesas de diálogo, grupos de notables, diagnósticos.

Lastimosamente, a diferencia de Trump, la premura no forma parte de la personalidad de nuestros políticos.

El autor es odontólogo.