José Joaquín Chaverri. 8 septiembre

El programa de Javier Rojas para resucitar la tertulia nacional fue Actualidad. Pocos años después de nuestra independencia, cuando se extinguía el fuego de las fogatas y de las candelas, los ciudadanos se quedaban tertuliando, ya en la oscuridad de la noche. Así nacieron los primeros medios de comunicación. Luego aparecieron los modestos periódicos, junto con la primera imprenta. Saber, no confundir las ideas con las personas, era uno de los objetivos para respetar siempre la opinión ajena.

Este amigo, con quien colaboré en muchos programas nacionales e internacionales de radio, me permitió participar en su tertulia Actualidad. Estuviéramos o no de acuerdo, a sus casi ochenta años, Javier Rojas mostraba su gran vitalidad y espíritu de debate.

Don Javier, en un programa en directo; al otro lado, dos sindicalistas conversando; en la otra mesa, un candidato desayunando; y más adelante, el presidente de la República conversando con un diputado

De memoria infinita, profunda y amplia, recordaba miles de datos del fútbol y de la historia patria. Me permitió llevar grandes personalidades, que visitaban nuestro país, al programa.

La pedagoga sueca Inger Enkvist, el periodista filósofo colombiano Jorge Yarce, el embajador argentino Juan José Arcuri, el embajador de España Indalecio Arias, el exministro español Benigno Blanco y, recientemente, el médico Álvaro Salas, de la Junta Directiva de la Caja Costarricense de Seguro Social.

Diferir con elegancia. Conversábamos y hacíamos conversar a muchas personas, entre ellas, a sus distinguidos invitados: la médica María del Rosario, el médico Armando, Fernando, su arquitecto amigo desde la infancia, y muchos otros, como don César y su apreciado hijo Mario.

A lo lejos, don Francisco, el propietario de La Criollita, y don Ceferino, junto con sus colaboradores, seguían conversando.

Otros contertulios seguían nuestros debates radiofónicos y nos observaban o continuaban la charla alrededor de una taza de café. El ambiente era increíble. Don Javier, en un programa en directo; al otro lado, dos sindicalistas conversando; en la otra mesa, un candidato desayunando; y más adelante, el presidente de la República conversando con un diputado.

Jamás un insulto. Siempre existió respeto y pluralismo. Don Javier nos recibía en medio del programa saludos de amigos, recados, publicaciones, pues todo el mundo sabía que toda Costa Rica estaba pendiente de su programa.

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Un hombre decente

A las doce del día, el debate terminaba y todos a su casas. Pero don Javier Rojas colocaba a Costa Rica en cada uno de nuestro corazones y concluía la tertulia hasta un nuevo día.

Columbia permitió el milagro de entrelazar diferentes opiniones, pensando siempre en que Costa Rica debe seguir adelante: con esperanza.

El autor es diplomático.