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Tal cual: Falsas apariencias

¿Cuánto debe importarnos la verdad hoy?

Mi amigo Benjamín Ames es maestro de arpa. Al menos eso dice él, aunque no hay evidencia que lo confirme. Una vez se lo hice notar y replicó que no esperara yo verlo cargar el instrumento cuando sale a la calle.

Agregó que lo suyo es una ocupación armoniosa que no causa problemas a nadie, a diferencia de la mía: resulta muy fácil, me reprochó, poner a la gente en dificultades, pero no es tan fácil sacarlos de ellas.

Me consta que su vida no ha sido desahogada, todo lo contrario, pero en cierta ocasión en que sufría una gran congoja y yo no hallaba el modo de ayudarlo, él mismo apuntó que el juego de la firmeza se juega sobre todo en soportar a pie firme los infortunios que no tienen remedio, y, de seguido, que es imposible eximirse de las perturbaciones, de modo que hay que moderarlas.

Tan convencional como soy, todo lo suyo me parece desacostumbrado. Su precario oficio, naturalmente, lo somete a grandes privaciones; un día le escuché decir: no soy rico, no necesito dinero.

Desprovisto de bienes como está, le comentó a un amigo común: es necesario recordar que quien no tiene derechos, tampoco tiene obligaciones.

Sus mayores afanes son la conversación, a la que él provee con entusiasmo, y la buena mesa, que dadas sus estrecheces hay que procurársela.

Entre ambas hay afinidad, pero él prioriza: la verdad, me dijo, es que comer es tan agradable que quizá valdría la pena tratar de suspender el pensamiento mientras se hace; y a continuación: qué suerte tenemos de ser animales que cocinan.

En un rapto casi religioso, se despachó así al cabo de un ágape superlativo: cada comida debe ser un placer, y debería bendecirse cada día que trae consigo una buena digestión y el precioso don del hambre.

Pero la conversación es el cauce por el que discurre su vida, es parte de su naturaleza esencial. Me explicó por qué: conversar es humano, las palabras no son signos, son años.

Alguien me previno contra él: es pura impostura, de pies a cabeza es un plagio. Pero, si así fuera, ¿hoy día cuánto debe importarnos la verdad?

carguedasr@dpilegal.com

El autor es exmagistrado.

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