Nuria Marín Raventós. 2 febrero

Los sucesos en Venezuela nos recuerdan lo afortunados que somos de contar con una centenaria democracia, instituciones fuertes, una división de poderes que realmente opera con frenos y contrapesos para evitar los abusos del poder, además de no contar con un ejército.

Venezuela tiene hoy dos presidentes, Juan Guaidó con investidura constitucional y Nicolás Maduro, un presidente ilegítimo electo en comicios que no reúnen los requisitos de libres, transparentes, con observadores internacionales y convocados de manera legítima.

Maduro se aferra al poder amparado a la fuerza del Ejército, en cuya fractura está la esperanza del pueblo venezolano

Cuenta con dos órganos legislativos, una Asamblea Nacional, electa mediante elecciones legítimas, y una Asamblea Constituyente creada por Maduro con el objeto de desconocer la Asamblea Nacional, único poder de mayoría opositora, objetivo que no alcanzó.

Cuenta con dos Cortes Supremas de Justicia, una integrada ilegalmente en el 2015 y otra en el exilio, cuyos 33 integrantes fueron legalmente nombrados por la Asamblea Nacional en el 2017, que cuenta con el reconocimiento de la OEA y el Parlamento Europeo.

El Consejo Nacional Electoral, bajo la égida de Maduro, le quitó la súper mayoría legislativa a la oposición desde el 2015, impidió el referendo revocatorio a mitad de término y convocó a elecciones anticipadas a pedido de la ilegítima Constituyente.

Pese a la declaratoria de ilegitimidad dada por muchos países de la región, de varios órganos multilaterales como la OEA, y el reconocimiento de la Unión Europea a la Asamblea Nacional como único órgano legítimo, Maduro se aferra al poder amparado a la fuerza del Ejército, en cuya fractura está la esperanza del pueblo venezolano; de ahí la oferta de una amnistía.

No será fácil por la complicidad del Ejército en negocios, corrupción, violaciones constitucionales y de derechos humanos contra personas, opositores y medios de comunicación, muchas que tipifican como delitos de lesa humanidad.

Los venezolanos, millonarios en recursos, viven en la pobreza, escasez crónica de alimentos y medicamentos, millones viven en el exterior, familias divididas, la peor inflación del mundo, y algunas de sus ciudades son las más inseguras del orbe y en permanente represión política.

Frente al dictador ilegítimo, los venezolanos se alzan hoy unidos en una sola voz: “Maduro: ¡deje ya el poder!”. Esperamos por el bien de Venezuela que la democracia y libertad regresen a nuestro hermano país.