Nuria Marín Raventós. 15 marzo

Acueductos y Alcantarillados (AyA) incluyó dentro del circuito de racionamiento de agua el área donde está ubicado el hospital Calderón Guardia y varios edificios alquilados por este, entre ellos uno para consulta externa.

A Marco Segura, director administrativo del hospital, la suspensión lo tomó por sorpresa, lo cual genera la primera reflexión: ¿Por qué no existe un plan estratégico de seguridad nacional para impedir la afectación de los hospitales y centros de atención médica?

De acuerdo con la “explicación” dada, el problema se origina en la falta de capacidad de almacenamiento de agua en los edificios alquilados. ¿Por qué un elemento tan esencial no fue previsto y establecido como requisito para alquilar bienes inmuebles destinados a servicios médicos donde el agua es vital para el funcionamiento? Las complicaciones no terminan ahí, el tanque de emergencia se llena por las noches y el racionamiento de un solo día consume la totalidad del contenido. Impresiona la carencia de planificación y preocupa en grado sumo.

Es indignante la reacción de algunos mandos medios del AyA, quienes, cuando las autoridades del Calderón les solicitaron suspender el racionamiento, reaccionaron con un inconcebible e inaceptable sentido de indiferencia, y respondieron “que el corte va porque va”.

El hospital debió elevar la solicitud a la Gerencia Médica de la CCSS y, esta, a la Presidencia del AyA para que detuviera el corte.

Todo esto sucede en medio de una seriecísima emergencia nacional, la necesidad de contener el covid-19, declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud y cuya primera línea de contención es el lavado continuo de manos.

¿Tendrá el AyA un plan de acción para los 14 cantones donde residen 357.000 personas que soportan recortes de agua hasta de nueve horas? La decisión de limitar el abastecimiento de doce a nueve horas, a partir del 27 de febrero, resulta insuficiente.

El AyA debe presentar de inmediato un plan en el cual asegure a las personas de esos cantones agua suficiente para el lavado frecuente de manos. Es gente, en su mayoría, carente de recursos económicos y capacidad de almacenamiento. Además, viven en comunidades densamente pobladas.

La autora es politóloga.