Nuria Marín Raventós. 9 noviembre

El 9 de noviembre de 1989, la “caída” del Muro de Berlín marcó el inicio del fin de la Guerra Fría y la posterior escisión de la antigua Unión Soviética, en diciembre de 1991.

Para Vladimir Putin fue “la más grande tragedia geopolítica del siglo XX”; para el resto del mundo, un halo de esperanza, de tener un mundo más pacífico, donde la amenaza de la aniquilación entre potencias nucleares fuese un capítulo superado, quizás el momento más crítico haya sido la crisis de los misiles, en 1962.

Fue la confirmación de que el marxismo-leninismo, y su sistema de producción de economía planificada, no funcionó. Como me lo indicaron mis profesores de Harvard en 1990, en la cátedra de Política Exterior de la Unión Soviética, fue la prueba de que no era posible que una economía —en realidad eran varias— del tercer mundo mantuviera un nivel de gasto militar de potencia mundial.

Tantos acontecimientos han sucedido a lo largo de estos treinta años, entre los más positivos resalto la reunificación alemana, la integración a la Unión Europea de los otrora países detrás de la cortina de hierro, como se conocía a los de Europa del Este, así como la evolución de estos a sistemas democráticos y economías abiertas, que aun con diferentes niveles de imperfección garantizan a sus ciudadanos más libertad y ejercicio de sus derechos.

Sobresale la transformación de la OTAN, institución que nace para la contención de la Unión Soviética en Europa y toma un rol de pacificación en crisis humanitarias como la acontecida en las guerras de los Balcanes en los noventa o contra el terrorismo en Afganistán luego del 11 de setiembre del 2001. No obstante, otras actuaciones resultan ser más cuestionables.

La mayor preocupación actual, y fuente de amenaza para la paz y la seguridad mundiales, es la pérdida del sentido de autocontrol y freno de la carrera armamentista demostrados en el pasado por los líderes estadounidenses y soviéticos al firmar múltiples tratados de reducción de armas, perdidos hoy debido al retiro de Estados Unidos del Tratado sobre Armas Nucleares de Alcance Intermedio y el subsiguiente apartamiento ruso. Se teme que dicho tratado corra igual suerte, lo cual nos podría heredar una nueva escalada armamentista.

La autora es politóloga.