Nuria Marín Raventós. 19 septiembre

Burbujas viajeras, semáforo verde para quienes precalificaron requisitos sanitarios, zonas seguras o premios al manejo sanitario, como las cinco estrellas obtenidas por el aeropuerto Leonardo da Vinci de Roma, son parte de la nueva normalidad en una industria que toca muy de cerca la economía costarricense.

En junio la OCDE predijo que en los países que conforman la organización se proyectaba una baja entre el 60 % y el 80 % de los flujos de pasajeros; buena predicción en el caso de Costa Rica, pues, según el ICT, en ese mes la cantidad se redujo en un 55 %.

En un mundo donde 9 de cada 10 habitantes tenían alguna restricción para viajar, demanda ingenio de parte de los gobiernos y las empresas ser ganadores en este proceso de reapertura gradual.

Como lo demostró Italia, que pasó de ser uno de los grandes epicentros de la pandemia a poder recibir un premio gracias a las medidas tomadas por el aeropuerto de entrada más importante, igualmente debemos hacer en Costa Rica para proyectar seguridad.

Tenemos una gran labor por delante, los Estados Unidos, nuestra fuente de turismo principal (40 %) nos ha categorizado en un nivel 4, con una recomendación de no viajar a Costa Rica por el riesgo de contagio y, además, con una advertencia de precaución por la inseguridad ciudadana.

Seguridad y confianza son entonces las palabras clave para todos los involucrados en la industria, con actores tan variados como aeropuertos, operadores, hoteles y medios de transporte que demandarán medidas rigurosas de protección.

La buena noticia es que se proyecta que los turistas poscovid tendrán menos viajes, pero estadías más prolongadas, de ahí la necesidad de crear mecanismos que brinden seguridad.

Igualmente estratégicos serán los precios. Con una disminuida demanda, exceso de oferta y clientes con bolsillos apretados, la industria se verá obligada a generar interesantes propuestas de valor, se requiere un tipo de cambio más favorable y una rebaja en costos, como el de la electricidad, que está muy por encima de nuestros competidores de la región.

La tarea es grande y debemos ser más competitivos, eficientes en nuestros puertos de entrada y garantizar una seguridad ciudadana que brinde confianza a nacionales y extranjeros.

La autora es politóloga.