Nuria Marín Raventós. 14 julio

“No estamos seguros de si esto es un milagro, una ciencia o qué”. Así definió la Marina tailandesa el titánico rescate del joven equipo de fútbol los Jabalíes Salvajes (entre los 11 y 16 años) y su entrenador, en la cueva Tham Luang, al norte de Tailandia.

Pasaron 10 días en la oscuridad, sin alimento y sin abrigo, a mil metros de profundidad y a cuatro kilómetros de la entrada de la cueva cuyo nivel de agua ascendía por las torrenciales lluvias causadas por vientos monzónicos, ¿cómo mantener la calma?

En la misión participaron representantes de 13 países acompañando a los tailandeses

El entrenador, Ekapol Chanthawong, un joven de 25, vivió varios años en un monasterio budista porque perdió a su familia a los 10 años. Eso le ayudó para que pudiera mantener la moral y unido al grupo, así como enseñarles a meditar para ahorrar energía.

Fue un buceador y médico anestesista Richard Harris el responsable de analizar las condiciones de los menores y tomar la difícil decisión de si, esperar cuatro meses o bucear con niños debilitados, además de definir el orden de salida. ¡Qué responsabilidad!

Drones con cámaras infrarrojas, equipos de comunicación especializados en rescates, donados por dos empresas israelíes, bombas de extracción y bombeo de oxígeno serían estratégicos.

Quizás el rostro más generoso fue el de los especialistas en espeleología (exploración y estudio de cavidades subterráneas) y buceo, quienes, pese a las condiciones de recorridos que exigían entre 9 y 12 horas, no dudaron en exponer sus vidas, uno de ellos desdichadamente falleció.

Calificada como una situación más compleja que la de los 33 mineros chilenos, por la fragilidad del terreno poroso, aguas crecientes, 10 días sin alimento y dificultad de envío de recursos, que en el caso de los mineros era de tan solo 10 minutos una vez perforado el acceso, comparado con las horas para llegar a los extraviados y las dificultades en la comunicación, el que se haya podido regresar a sus familias a los niños es un acto de heroísmo, eficiencia y solidaridad.

En la misión participaron representantes de 13 países acompañando a los tailandeses, entre otros, el Reino Unido, Israel, China, Birmania, Australia, Laos, Estados Unidos, Japón y Suecia. Su éxito demuestra cómo la mejor solución a los grandes desafíos de la humanidad debemos enfrentarlos juntos desde nuestras diversas fortalezas. Alianzas para estos fines sí valen la pena.