Nuria Marín Raventós. Hace 6 días

Atendí una invitación de la Universidad ADEN para participar como panelista en la cumbre latinoamericana La Empresa Post Coronavirus (sic). Uno de los temas que abordé fue el propósito de las empresas y si este variará.

Para una mayoría de las empresas, se está ante el reto más grande jamás previsto, producto de una crisis a la cual se ha denominado como la peor después de la Gran Recesión de 1929.

Esta, además, tomó al país en una de las más graves condiciones económicas debido al creciente déficit fiscal y las pocas medidas tomadas para la contención del gasto.

Visionario resultó que, en agosto del 2019, un grupo de más de 180 presidentes ejecutivos de grandes empresas a escala global firmaran una declaración conjunta para establecer como propósito la creación de valor para todas las partes interesadas y no solo para los accionistas, comprometiéndose a inyectar una cultura que pusiera ese propósito en el corazón de la estrategia empresarial.

Convencida e inspirada por el pensamiento de Winston Churchill, de que el liderazgo se prueba en los peores momentos, ese llamado momento de la verdad, nada mejor para quienes lideran que volver la vista a sus valores y a ese propósito como hoja de ruta.

Eso incluye pensar en nuestros empleados y su bienestar, garantizarles las medidas de seguridad para proteger tanto su salud física como su bienestar mental, un asunto esencial siempre, pero más en estos tiempos de incertidumbre.

Es tomar todas las acciones a nuestro alcance para que se pierdan menos empleos y la afectación sea menor para nuestros trabajadores.

Es tomar acciones para que nuestros clientes reciban las mejores prácticas en seguridad sanitaria y que nuestras decisiones faciliten, en la medida que lo permita la liquidez, su supervivencia y el sustento de sus colaboradores.

Igual filosofía con los proveedores, pensando incluso en los eslabones más débiles, pues una amplia competencia beneficia a todos.

Es entender que todos somos parte de una cadena de creación de valor y, si otros están bien, nosotros igualmente lo estaremos, y que la mejor garantía de rentabilidad para los accionistas es que todos los actores interesados superemos la crisis tomados de la mano, robustecidas la confianza y la lealtad, elementos claves en toda relación.

La autora es politóloga.