Nuria Marín Raventós. 5 enero

“De Costa Rica para el mundo”. Los costarricenses tuvimos un maravilloso primero de enero gracias a la participación de la Banda Municipal de Acosta en el emblemático Desfile de las Rosas, en Pasadena, California.

Haciéndole honor a ese pequeño gran cantón conocido como “la tierra de los músicos”, 246 jóvenes desbordaron su maravilloso talento musical y cultural y mostraron una de nuestras mejores caras al mundo.

Gracias Acosta por recordarnos el gran potencial de nuestro país y su gente

Imposible ser costarricense y no sentirnos henchidos de orgullo y derramar unas cuantas lágrimas al son de las melodías Soy tico, Punto guanacasteco y Tan linda es mi Costa Rica, así como ver los bailes que mostraron nuestro florido folclor frente a millones de televidentes de todo el orbe.

Y no es para menos, el Desfile de las Rosas, uno de los más sobresalientes por su historia de 130 años, convoca al mejor talento nacional e internacional al que se entra solo por invitación. La banda tuvo, además, el honor de ser la única representación de América Latina.

Qué lección de trabajo nos da este grupo, cuyas largas jornadas de prácticas y disciplina ya reditúan frutos: el triunfo por dos años consecutivos en el Festival de la Luz y varias participaciones internacionales.

Qué lección de apoyo familiar, pues estoy segura de que detrás de sus triunfos, bellos uniformes y floridos trajes típicos habrá muchas ventas, rifas y turnos para recolectar los fondos requeridos.

Los muchachos, bajo la conducción de José Manuel Mora Corrales y Julio César López Zeledón, nos recordaron el porqué, pese a ser Costa Rica un país pequeño, cuenta con talento de primera y las riquezas naturales que nos hacen referente internacional. Por cierto, emuladas en la carroza ganadora, Rhythm of Paradise (Dole), triunfo doble.

El país, que alcanza una centenaria democracia, cuando había dictaduras en la región, que luego de la Guerra Civil de 1948 en una decisión histórica abolió el ejército para destinar ese dinero a la educación, es la misma Costa Rica que se engalana con el brillo de esos jóvenes acosteños.

Gracias Acosta por recordarnos el gran potencial de nuestro país y su gente. En momentos de negativismo, nos inspiraron con una llama de esperanza.

En momentos de división, nos unieron bajo una sola voz, que con orgullo volvió a vibrar en el “vivan siempre el trabajo y la paz”.