Nuria Marín Raventós.   13 abril

Conocido como el enclave ruso en la Unión Europea, Kaliningrado es un pequeño territorio de gran importancia geopolítica y militar para Rusia, pues representa una amenaza para la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), nacida como alianza militar en 1949 para contener el expansionismo soviético.

Se trata de una provincia rusa de poco más de 15.000 kilómetros cuadrados y menos del millón de habitantes; su ubicación entre Polonia y Lituania, y al ser una salida al Báltico, le concede una posición invaluable. Sede de la base de la flota rusa en este mar, es el único puerto ruso libre de hielo durante todo el año, un aspecto que acrecienta su valor.

Su relevancia ha venido subiendo después que Polonia y Lituania, otrora territorios bajo la égida soviética y del Pacto de Varsovia, pasaran a formar parte de la OTAN en 1999 y el 2004, respectivamente, y de la Unión Europea, en el 2004.

El ingreso, celebrado por Occidente como la gran ampliación al este de Europa al incorporar a la República Checa, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta y Polonia, fue interpretado por los rusos como una grave amenaza.

Durante este 2019, Ucrania y Georgia han solicitado a la OTAN acelerar su incorporación para “evitar seguir siendo un laboratorio del poder ruso”, ejemplos claros han sido la aceptación rusa de la independencia autoproclamada de Osetia del Sur y Abjasia —que eran parte de Georgia—, la anexión de Crimea y la captura de tres barcos ucranianos.

La “cuestión rusa” fue la protagonista en la celebración en Washington del 70.° aniversario de la OTAN, reunión en la cual se decidió incrementar la presencia aliada en el mar Negro, lo que será un nuevo punto de fricción con el Kremlin.

Sobre el tapete está también la reciente decisión de Estados Unidos e inmediata respuesta de Rusia de retirarse del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, firmado por ambas potencias en 1987.

Al igual que Estados Unidos, la OTAN llama al orden a Rusia para que retorne al tratado y respete su cumplimiento. De no ser así, Kaliningrado, entre otros, se convertirán en una zona aún más estratégica en lo militar, en detrimento de la paz y la seguridad de Europa.

La autora es politóloga.