Nuria Marín Raventós. 15 febrero

Mediante una reforma al Código de Trabajo, aprobado en 1943, se propone crear nuevas jornadas laborales para adaptar el país a las nuevas necesidades del mundo productivo sin detrimento de los trabajadores.

Nuevamente, el gobierno muestra un frente dividido. Por un lado, el ministro de la Presidencia y exministro de Trabajo, Víctor Morales, y la jerarca del ramo, Geannina Dinarte, favorecen el plan y, por el otro, la ministra de la condición de la mujer, Patricia Mora, se opone y califica la propuesta de nefasta para las mujeres.

Estudiando detenidamente el proyecto, discrepo de Mora. Nuestros trabajadores necesitan nuevas fuentes y opciones de trabajo; las reformas podrían atraer empresas o lograr que alguna que ya esté en el país no opte, como otras, por irse adonde le ofrezcan flexibilidad de horarios para sus empleados.

La mejor motivación son las dolorosas cifras del INEC sobre el creciente desempleo: 12,3 %. Y el subempleo y el histórico porcentaje de personas en la economía informal, en la cual las mujeres llevan la peor parte, con un 16,7 % y un 14,5 %, respectivamente. En otras palabras, el desempleo en Costa Rica tiene rostro de mujer.

Se le atribuye a Albert Einstein haber dicho que no podemos pretender que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo, y este país no debe aferrarse a una legislación laboral obsoleta que nos resta competitividad. Y si hablamos de mujeres, los estudios más bien recomiendan esquemas flexibles como fórmula para brindarles autonomía económica, muy urgente frente al avance de la robotización que reducirá aún más las posibilidades de hallar un puesto de trabajo.

El proyecto propone dos jornadas adicionales, la de 12 horas y la anualizada, ambas con carácter excepcional, que se evaluarán caso por caso, garantizando los derechos de los trabajadores y agregando un componente vital para las mujeres, como es la obligación de otorgar cuidado de menores.

Las mujeres tienen diferentes necesidades. Para algunas, estas opciones resultan más favorables por reducir tiempos de traslado —un gran problema en Costa Rica— y costo del transporte, así como el poder contar con uno o dos días más de descanso. Lo lógico es dar a cada trabajador y trabajadora la oportunidad de evaluar la opción más conveniente.

La autora es politóloga.