Nuria Marín Raventós. 23 marzo

La Universidad de Costa Rica (UCR) abrió en el 2012, en la sede del Caribe, la carrera de Marina Civil y la anunció como un hito académico por ser la primera con doble titulación internacional y la primera en preparar ingenieros náuticos y en transporte marítimo.

Siete años después, no abrió la matrícula porque los más de 130 estudiantes de la carrera no cumplen los requisitos para concluir sus estudios. Una vez más una visión correcta falla en la planificación y la ejecución, como admitió la vicerrectora académica: “En su momento se cometió el error de abrir la licenciatura en Marina Civil sin llevar a cabo los estudios de factibilidad que requiere toda carrera”.

La UCR no previó la falta de docentes, las carencias en infraestructura, ni que demandaría la aprobación de siete convenios internacionales, entre ellos, el de normas de formación, titulación y guardia para la gente del mar.

No existe sentido de urgencia para la aprobación del Convenio sobre Trabajo Marítimo de la OIT y el Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques, de la Organización Marítima Internacional. Tampoco fue prioridad para la UCR la aprobación del ISO 9001, requisito de acreditación y que, a la fecha, está en un 50% de avance.

No hay garantía de plazas en firmas navieras (buques de 500 toneladas), necesarias para las prácticas antes de la graduación de los estudiantes, ni ha sido posible la emisión de las tarjetas de navegación para los practicantes.

El drama de los estudiantes desnuda la debilidad de un país cuyo mar territorial supera en más de 11 veces su superficie terrestre y su modelo de desarrollo se ha centrado en la promoción y la diversificación de sus exportaciones.

Japdeva, llamada a desarrollar el Atlántico y necesitada de una urgente reconversión para enfrentar los desafíos tras la apertura de APM Terminals, no ha mostrado interés en los futuros profesionales. Un país del cual el 50 % de sus exportaciones en el 2018 ($11.702 millones) salieron por vía marítima, que sufrió las consecuencias de carecer de opciones logísticas marítimas durante lo peor de la crisis en Nicaragua, no puede darse el lujo de que existan normas que aún se encuentran en proyecto o en borrador. ¡Despertemos!

La autora es politóloga.