Nuria Marín Raventós. 12 enero

Su cara me era conocida porque lo había visto en múltiples fotografías del Directorio legislativo publicadas en medios de comunicación, donde usualmente aparecía detrás de los diputados. Pero no fue hasta 1994 cuando Antonio Álvarez, mi esposo, fue legislador, y más aún en 1995, durante su presidencia, que tuve la oportunidad de conocerlo y aquilatar sus cualidades de persona de bien. Me refiero a Humberto Morales, funcionario legislativo por más de seis décadas fallecido el martes pasado.

humberto MOrales ------ Aprobada
humberto MOrales ------ Aprobada

Humberto ingresó a laborar a la Asamblea Legislativa desde muy joven, y con el pasar del tiempo, por su dedicación al estudio del quehacer del Congreso, se fue convirtiendo en un especialista en el manejo del reglamento y los procedimientos. Llegó a ser el más conocedor de los precedentes legislativos. Su memoria privilegiada le permitía recordar decisiones de los presidentes del Congreso, acuerdos de las fracciones, votaciones en el plenario y, más recientemente, sentencias de la Sala Constitucional. Su vasto conocimiento lo convirtió en un asesor de obligada consulta.

A la par de sus sólidos saberes, se hizo de una reputación de persona íntegra, de una sola línea, cuyas opiniones o cuyos criterios no los daba en función de quien le consultaba o a quien temporalmente asesoraba, sino en función de la correcta y equilibrada aplicación del reglamento y los precedentes legislativos.

Costa Rica ha perdido a un ciudadano ejemplar, a un funcionario público íntegro, que cumplió a cabalidad su deber

Con ello forjó una credibilidad que lo fue convirtiendo en un garante de la buena marcha de la Asamblea, y siendo esta un órgano de debate político, donde con frecuencia se desbordan las pasiones y salen a relucir facetas de sus miembros poco conocidas, para decirlo de una manera respetuosa, cuando Humberto emitía una opinión se facilitaba que las aguas volvieran a su cauce y se alcanzaran acuerdos. Por ello, asesoró presidentes y Directorios de diferente militancia partidista, porque su credibilidad estaba por encima de sus preferencias partidarias.

Costa Rica ha perdido a un ciudadano ejemplar, a un funcionario público íntegro, que cumplió a cabalidad su deber. Su legado está en infinidad de acuerdos políticos y leyes aprobadas, y en haber facilitado el funcionamiento correcto y oportuno de la Asamblea Legislativa. Ojalá en el nuevo edificio legislativo se bautice un recinto con su nombre, como reconocimiento a su enorme entrega al país.