Nuria Marín Raventós. 16 noviembre

El domingo pasado la mayoría de los costarricenses vimos el juego de la Selección Nacional femenina contra el cuatro veces campeón mundial los Estados Unidos. Por mi parte, solo puedo elogiar y sentir orgullo del desempeño de la Tricolor en esta y otras contiendas.

Mientras el equal play, equal pay resuena en los estadios, y países como Australia anuncian que su Selección femenina ganará lo mismo que la masculina y respetará la maternidad, en Costa Rica, nuestras jugadoras reciben trato de tercer o cuarto nivel. ¿Es ese el mensaje que queremos mandarles a nuestras niñas y jóvenes?

Salvo Shirley Cruz, ninguna jugadora recibe salario. Perciben becas o viáticos entre ¢50.000 y ¢100.000, cuando mucho, y no cuentan con seguro y deben trabajar para mantenerse. Se entrenan a las 5 de la mañana. ¡Qué coraje de muchachas, pero qué injusto si las comparamos con sus pares masculinos!

Viajar con anticipación para el debido acomodo es un lujo desconocido, pues estas corajudas dedican entre tres y cuatro horas para llegar a Limón o Guanacaste, donde lo dan todo en la cancha y regresan tarde a sus casas. A Nicaragua, viajaron durante largas horas en buseta.

El fútbol es más que un deporte. Representa el alma nacional en una sola voz. Con mucha vergüenza, debo afirmar que también simboliza otra de las muchas discriminaciones contra las mujeres, y pocos alzan la voz para reclamar las injustas desigualdades o, peor aún, humillaciones, como la sucedida en Guápiles, en donde debieron jugar con tan solo unas pocas lámparas encendidas.

Desconozco la remuneración de nuestra querida y respetada Amelia Valverde, quien, además, tiene a cargo todas las categorías femeninas, pero estoy segura de que es muy inferior a la pagada al descansado Matosas.

Por si no opera la convicción, aquí les doy un dato a los equipos, a la Fedefútbol y a los patrocinadores: mientras en el mundo hay un declive en asistencia, incluido el fallido experimento de jugar contra Curazao en otro estadio y solo vendió 4.000 entradas, en el balompié femenino la asistencia tiende a aumentar.

En Costa Rica, ya han logrado 5.000 asistentes a partidos, y el 9 de noviembre el amistoso entre Inglaterra y Alemania rompió el récord en la final de la Copa Mundial Femenina de 1999, al vender en corto tiempo las 90.000 entradas disponibles.

La autora es politóloga.