Nuria Marín Raventós. 25 julio

La Unión Europea acaba de celebrar la segunda reunión más larga de su historia. Fueron 90 horas de arduas negociaciones con la participación de todos los países miembros.

Lograron un acuerdo, definido por el presidente Emmanuel Macron como “un día histórico para Europa”.

De ese convenio tenemos mucho que aprender. En primer término, brinda soluciones a las diversas consecuencias económicas de la pandemia y establece medidas para su contención, pensando a corto, mediano y largo plazo, y teniendo en cuenta que las necesidades son diversas en cada país.

Ese es el espíritu detrás del Presupuesto de la Unión hasta el 2027 (horizonte de siete años) y del Fondo de Recuperación tras la Pandemia (respuesta a necesidades a corto plazo).

Las partes debieron estar dispuestas a hacer concesiones, algunas dolorosas, pero siempre convencidas de que, de forma duradera, una Unión Europea fortalecida y solidaria opera en beneficio de todos. Por esa razón, dieron otro paso histórico: la Comisión Europea captará los recursos en los mercados.

Es así como los países conocidos como frugales, por su contención en el gasto público, austeridad y estabilidad financiera —Austria, Dinamarca, los Países Bajos, Suecia y Finlandia—, en esta coyuntura estuvieron anuentes a flexibilizar sus demandas y la negociación de cheques compensatorios, catalogados por la canciller Angela Merkel como “dolorosos, pero necesarios”.

En segundo término, las autoridades comunitarias, aunque disconformes, aceptaron disminuir el fondo de programas comunitarios y los países requirentes de recursos, a bajar el monto solicitado.

Como resultado, se aprobó un paquete de 1,8 billones de euros, desglosados en 390.000 millones para transferencias directas (por debajo de los 500.000 millones pretendidos), 360.000 millones para créditos con intereses blandos y un presupuesto aprobado para los siguientes siete años cercano a un billón de euros.

La reacción positiva de los mercados no se ha hecho esperar. Así, lo resumió Charles Michel, presidente del Consejo Europeo: “Hemos mostrado responsabilidad colectiva y solidaridad; hemos mostrado que creemos en nuestro futuro común. Este acuerdo es una clara señal de que Europa es una fuerza de acción”.

La autora es politóloga.