Nuria Marín Raventós. 4 enero

El inicio de un nuevo año es una oportunidad para reflexionar sobre los grandes desafíos que tenemos por delante. El primero es la falta de sentido de urgencia del país, seguimos practicando el “nadadito de perro” señalado por Eduardo Lizano hace ya algunos años, con el agravante de que, si antes era serio, ahora podría ser mucho peor, pues nos encontramos en una coyuntura de cambios a ritmos exponenciales.

Mientras las transformaciones suceden y la tecnología e inteligencia artificial son cada día más parte de nuestras vidas, a nuestros niños y jóvenes los educan con el tradicional sistema magistral y de pizarra, muestran deficiencias en matemáticas, ciencias y lectoescritura, y carecen de la disciplina para el autoaprendizaje continuo. Así, ¿a cuáles empleos van a aspirar? Resulta altamente revelador que la institución a cargo de revolucionar la educación no haya evolucionado en el manejo de algo tan sensible como la planilla y que las universidades públicas estén más preocupadas por defender privilegios que por mejorar la oferta académica.

Con un desempleo del 11,39 % que golpea con mayor fuerza a los jóvenes, una informalidad que supera el 40 % y niveles de pobreza que no bajan del 20 %, hay que plantearnos cambios más profundos, recordando que la mejor política social es la generación de buenos empleos y la preparación de nuestros jóvenes para que los aprovechen.

La otra cara de la moneda es el impacto en la seguridad social. Tan solo tres de cada diez personas de la fuerza laboral mantienen a la CCSS, relación que se agravará de no tomarse medidas por el envejecimiento de la población. El sistema es insostenible si no se amplia la base de contribuyentes mediante sistemas más flexibles y escalonados. Para ello, solo se necesita una decisión de la Junta Directiva, pero no la toma. En este 2020, no escatimemos esfuerzos para que se atiendan las demandas del sector productivo por una agenda de reactivación y, en cuanto a la educación, sugiero analizar la reforma llevada a cabo en Singapur, país que en pocos años se convirtió en referente en esta materia. Numerológicamente, el 2020 tiene tres significados: el pragmatismo, el trabajo en equipo y el potencial infinito; a eso debemos agregar una mayor apertura y la búsqueda de soluciones innovadoras, pues la recetas de siempre ya no funcionan.

La autora es politóloga.