Nuria Marín Raventós. 20 abril

En el 2016, me informaron de que doña Estrella Zeledón tenía interés en conversar conmigo sobre una columna que yo había publicado sobre la necesidad de un nuevo hospital geriátrico en el país. Le devolví la llamada inmediatamente. Además de ser una ex primera dama, doña Estrella era una persona muy querida por mi familia, lo que recuerdo desde mi infancia, pues los Raventós y los Zeledón eran vecinos en el paseo Colón.

Luego de los tradicionales saludos y ponernos al día sobre las respectivas familias, me manifestó no estar de acuerdo con mi propuesta y fue directamente al grano: “Estás pensando como joven y no como una persona de edad”.

“Debemos retomar el concepto de hospitales sin paredes y promover que los adultos mayores permanezcan en sus hogares y comunidades. Lo que el país necesita, más que un hospital geriátrico, es un centro de investigación sobre el tema”, añadió.

De esa conversación, me impresionó cómo mantenía su vitalidad de siempre. Ya conocía su calidez y su profundo sentido de servicio, pero me alegró saber que continuaba activa luchando por una de sus causas.

Debo confesar que, unido al gran respeto que le profesé y la gratitud frente a sus generosos consejos, sus palabras operaron como un fuerte llamado a la reflexión. Si bien es cierto que sigo pensando en la necesidad de un hospital especializado, ella también estaba en lo correcto cuando afirmó que yo analizaba el asunto desde mi perspectiva más joven.

La necesidad de un hospital geriátrico que también se desarrolle como un centro de investigación y especialización obedece a la inversión de la pirámide demográfica. El país está a las puertas de contar con más de un millón de personas mayores de 65 años y cada vez tendremos más sobrepasando los 80. Debemos estar preparados médicamente para los nuevos padecimientos, que además se diferencian por sexo.

Dicho lo anterior, me he convertido en una fuerte promotora de una adultez lo más sana, activa y proactiva posible, que ojalá se inicie en el seno familiar, con arraigo y respeto en las comunidades, y además plena de amor.

Con dolor recibí la noticia de su partida. Una gran mujer, esposa, madre, abuela, bisabuela y tatarabuela. Un ejemplo de luchadora vehemente por sus causas. Adiós, doña Estrella, nuestro país ha perdido a una gran costarricense.

La autora es politóloga.