Nuria Marín Raventós. 29 junio

Decir que Setena es un cuello de botella es un eufemismo. En la práctica, opera como un obstáculo para el desarrollo por su ineficiencia; además, es generadora de costos y retrasa la viabilidad de los proyectos. Basta con citar un área muy afectada, la construcción, una de las actividades más dinamizadoras de la economía y del empleo, pero hay muchas otras actividades estratégicas también perjudicadas.

Setena es solo una parte del problema; la otra son las instituciones incapaces de gestar obra.

En el pasado, los presidentes cortaban la cinta por la conclusión de una obra; en el presente, dan una conferencia de prensa para anunciar la obtención del permiso de Setena, como pasó cuando lo consiguieron para la ruta 32. Lo peor: por excesivas regulaciones y escaso capital humano en la institución, no da abasto con la labor encomendada y los tiempos que demanda el crecimiento y desarrollo sostenible del país.

Se ha anunciado, una vez más, la simplificación de trámites mediante la digitalización de los categorizados como “de bajo impacto ambiental (D-2)”, equivalente a 1.620 de los 3.000 ingresos anuales. Si son de bajo impacto ambiental, ¿por qué no eliminar el trámite, recurrir a la declaración jurada y exigir que la obra cuente con un profesional especializado como responsable? Así, se acelerarían los proyectos y Setena se concentraría en las obras de gran impacto y en el seguimiento de los proyectos.

La vía rápida para obras públicas (D3) hay que verla bajo varias aristas. La positiva, y esperemos sea la que resulte en la práctica, es que acabe el rezago en infraestructura pública, empero, Setena es solo una parte del problema; la otra son las instituciones incapaces de gestar obra (p. ej. MEP, MOPT, AyA). Por ello, una falacia más del gobierno de Luis Guillermo Solís fue pretender autorizar al ICE a hacer obra pública contra su misión de generar energía y telecomunicaciones. La respuesta keynesiana, el Estado como actor económico, es válida solo si ese Estado es eficiente.

Reconozco un cambio en el gobierno, de gran trascendencia nacional: permitir la vía rápida también en las concesiones y alianzas público-privadas. Es dejar atrás una era muy estatista. La medida aumentará su efecto si no solo se facilitan los proyectos públicos, sino también los privados, sector que puede sacar adelante el país.

La autora es politóloga.