Nuria Marín Raventós. 18 mayo

Producto de la inercia del gobierno, hemos caído a categoría 2 en seguridad aérea, según la clasificación de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), una condición compartida, vergonzosamente, con tan solo cinco países. Como respuesta, los responsables, Aviación Civil y el Ministerio de Obras Públicas, evaden, o minimizan, su culpa diciendo que son errores de hace nueve años.

Sorprende que el gobierno manifieste desconocimiento por las razones de la baja, cuando su responsabilidad es asegurar el cumplimiento de las regulaciones internacionales a su cargo. La FAA señaló, además, 22 hallazgos en octubre del 2018 y concedió 65 días al país para enmendarlos. Lo propio era subsanar con urgencia las deficiencias.

El director de Aviación Civil reconoce que se organizaron mesas de trabajo, hubo intercambio de correos y se efectuó una segunda visita en febrero. Claramente, no fue suficiente para evitar la degradación, y con eso no cerrarles oportunidades a dos operadoras que podrían crear trabajos, necesidad apremiante en el país.

Es difícil creer que se enfrentara esta amenaza desde el año pasado y el presidente de la República no fuera informado. Él dice desconocer el asunto y pide “que se tomen las medidas necesarias para su corrección”. Lástima que no se actuara con el mismo nivel de prioridad anticipadamente.

Nos dicen desconocer las razones, pero basta con visitar el portal de la FAA y el comunicado del 13 de mayo, en el cual se indica que Costa Rica baja a categoría 2 y se especifican las razones de por qué se puede perder el rango de categoría 1.

Una, la falta de cumplimiento de los estándares mínimos en las leyes y regulaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional. Sería importante que se nos demuestre qué proyectos de reforma han planteado en los últimos cinco años y su nivel de prioridad (ej. convocatoria en extraordinarias).

Otras posibles razones para la degradación son el deficiente conocimiento de las autoridades reguladoras, carencias en el entrenamiento y experiencia del personal, debilidades en el seguimiento y trazabilidad de procesos y en los procedimientos de inspección. Todo esto es achacable a las autoridades sorprendidas hoy, quienes pudieron acudir a la oferta de asistencia técnica sin costo de la misma FAA, ¿por qué ahora y no antes? Tienen mucho que explicar.

La autora es politóloga.