Nuria Marín Raventós. 25 agosto

Rindo un merecido tributo a Yokasta Valle, Andrea Vargas y a la Selección Femenina de Fútbol. Nuestra gratitud por poner en alto el nombre de Costa Rica, siempre importante, pero en momentos de zozobra y desencanto nacional dan luz, esperanza y la oportunidad de emocionarnos al punto de llorar de alegría.

Todo un pueblo celebra sus hazañas, sabiendo que en su trayectoria han debido enfrentar un largo camino de trabajo y disciplina, y sacrificios personales y económicos. Además, han recibido muy poca ayuda y han debido superar viles estereotipos, como que el fútbol y el boxeo no son para mujeres. Debe llamar a la reflexión lo dicho por Sylvia Poll, primera medalla olímpica del país. Hay una reiterada orfandad para los atletas de disciplinas distintas al fútbol masculino, basta con ver cómo partidos del campeonato nacional les roban páginas y cobertura a estas heroínas.

Escuchar las historias Yokasta y Andrea conmueven, pero también indignan. ¿Cómo una tricampeona mundial no tenía dinero para pagar los buses de Paso Ancho a Alajuela y en sus peleas, incluida la primera en la cual ganó un título mundial y nacional, las entradas fueron siempre gratuitas? Cuánto contraste: mientras en la final de la Selección Femenina de Estados Unidos las abarrotadas graderías clamaban por el pago equitativo, en Costa Rica ni siquiera se cobra por una jornada en que se lucha por un campeonato mundial. En el caso de Andrea, mi reconocimiento a su padre porque construía las vallas debido a que las profesionales eran muy onerosas; y a su madre, quien estudió para convertirse en la entrenadora de Andrea y Noelia.

Lo que estas atletas nos demostraron es que son grandes campeonas en la cancha y fuera de ella. Que los obstáculos las hicieron más fuertes, que no se dejaron derrotar y que cuando cayeron tuvieron fuerza para levantarse y seguir adelante. Que sus triunfos sean el escalón para el próximo desafío, llámese la defensa del título, una cuadrangular en Brasil o el inicio de la ruta preolímpica en los entrenamientos de cara a Tokio 2020. ¡Gloria para Costa Rica y gracias por inspirar a otras mujeres a no permitir que les impongan límites, y por demostrar que no hay imposibles, que con pasión, ganas y garra sí se puede!

La autora es politóloga.