Nuria Marín Raventós. 11 mayo

Heredamos una cultura que ha invisibilizado a las mujeres a lo largo de la historia. No es fruto de la casualidad que en el otorgamiento del máximo galardón otorgado por la Asamblea Legislativa, el de benemérito de la patria, en 70 años de existencia, solo cuatro mujeres lo hayan recibido.

Los invito a dar un pequeño recorrido por el Salón de Beneméritos de la Patria de la Asamblea Legislativa para constatar lo dicho; abundan los hombres e instituciones distinguidas, y es excepción ver en él magnas mujeres de nuestra historia: Emilia Solórzano, quien como ex primera dama fue determinante en la abolición de la pena de muerte; Ángela Acuña Braun, primera abogada de Centroamérica, sufragista y avezada diplomática; Carmen Lyra, educadora, pionera en el método Montessori, escritora y activista; y Emma Gamboa, educadora, quien sobresalió, a su vez, como formadora de educadores.

Por ello es encomiable el proyecto de ley presentado por la diputada Silvia Hernández, el cual pretende otorgar el título a las tres primeras diputadas de Costa Rica: Ana Rosa Chacón González, Estela Quesada Hernández y María Teresa Obregón Zamora.

Nacidas en una Costa Rica que negaba derechos políticos a las mujeres, pero al menos les abría a unas pocas la posibilidad de cursar la educación universitaria, las tres tienen en común su condición de maestras y, en el caso de doña Estela, adicionalmente, su título de abogada.

Sin derechos políticos, todas fueron valientes protagonistas de luchas memorables, entre otras, contra la injusticia social, las limitaciones al sufragio y la participación política de las mujeres. Participaron en el movimiento de las sufragistas y en colectivos como la batalla de las maestras contra la dictadura de Tinoco, la Liga Feminista, El Grupo de las del 15 de Mayo (1943) o El Grupo de las del 2 de Agosto (1948).

Gracias a la Constitución Política de 1949, y a guerreras como ellas, finalmente, a ese 50 % de la población, antes relegado, se le abrió un nuevo capítulo de representación de mujeres, que con el 46 % en el legislativo de hoy nos convierte en un referente en el mundo.

Lo anterior no sería posible sin la valentía de las primeras tres legisladoras, quienes rompieron paradigmas y se convirtieron en fructíferas protagonistas de nuestra historia.

La autora es politóloga.