Eduardo Ulibarri. 31 enero

Hagamos a un lado los valores y pensemos con pragmatismo sobre Venezuela. ¿Qué resulta? Primero, una virtual certeza entre tanta incertidumbre: la posición de Nicolás Maduro es insostenible; su colapso parece cuestión de tiempo, cada vez más corto. Segundo, un objetivo: impulsar el cambio democrático y pacífico antes de que la crisis derive en tragedia. Tercero, una vía: la salida más práctica, confiable y rápida pasa por el presidente interino, Juan Guaidó. Solo él tiene el mandato, legitimidad, apoyo popular y voluntad para convocar a elecciones en serio, y solo con ellas se evitará la catástrofe.

¿Imperará el pragmatismo de sus generales, entenderán que con Maduro no tienen futuro y le retirarán su apoyo?

Añadamos, ahora sí, principios y valores (sin descuidar intereses), y entenderemos por qué tantos gobiernos ya han reconocido a Guaidó o están en proceso de hacerlo. ¿Ayudará esto en el terreno? Creo que sí

Ayer, el Parlamento Europeo se sumó a la Organización de Estados Americanos (OEA) y los 15 países que ya han dado ese paso: Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Guyana, Honduras, Israel, Panamá, Paraguay y Perú.

La Unión Europea ha sido más ambivalente. Desconoce la legitimidad de Maduro y le dio un ultimátum para convocar a elecciones, que vence el domingo; sin embargo, decidió establecer un “grupo de contacto” para buscar una salida a la crisis en 90 días, mediante elecciones. Su vocera aclaró que no se trata de “un proceso formal de mediación o diálogo, sino de apoyar una dinámica política, que el grupo puede acompañar y consolidar”. ¿Qué implica? No sé; solo espero que parta de que tal “dinámica” la encabeza el presidente interino Guaidó, no el dictador Maduro.

Pero, aunque lamentable, esta ambigüedad no frenará la presión internacional tangible, de la que también forma parte el rechazo total hacia el régimen de países como Alemania, Francia y el Reino Unido, y ya ha conducido a un virtual ahogo de los principales ingresos petroleros y financieros de Maduro. Cómo conectar la marejada de rechazo popular e internacional con los centros de poder interno, en particular las fuerzas armadas, es la gran pregunta. ¿Imperará el pragmatismo de sus generales, entenderán que con Maduro no tienen futuro y le retirarán su apoyo? Es una esperanza. Y ahorrarían más dolor.

El autor es periodista.

Tuiter: @eduardoulibarr1