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Radar: Símbolos rotos en Estados Unidos

Trump, como dijo el exsecretario de Defensa Jim Mattis, es el primer presidente que no trata de unir al pueblo estadounidense y ‘ni siquiera simula intentar hacerlo’.

En la conciencia cívico-política estadounidense han existido tres símbolos de profundo anclaje: la Constitución, la Biblia y las Fuerzas Armadas. Fuentes de inspiración, estabilidad y deber ser han cobijado una identidad que, en muchos otros aspectos, tiende a ser diversa y hasta fragmentada.

La Constitución, con 233 años, refiere a los derechos y orden político compartidos, pero su interpretación no ha escapado a la polarización creciente del país. La Biblia, que inspiró a los Padres Fundadores, irradia los valores del cristianismo por todos los pliegues de la sociedad, pero ha querido ser secuestrada por los conservadores neopentecostales en sus perniciosas “guerras culturales”.

Solo las Fuerzas Armadas parecían mantenerse relativamente a salvo de la instrumentalización padecida por sus acompañantes. Pero el lunes esto cambió. Ese 1.° de junio, el presidente Donald Trump convirtió al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Mark A. Milley, y al secretario de Defensa y exmilitar, Mark T. Esper, en parte de una virtual comparsa que lo acompañó a tomarse una foto, biblia en mano, frente a una iglesia episcopal cercana a la Casa Blanca: una oportunista manipulación religiosa y militar de peligrosa factura. Pero la precedió algo peor: el uso de la fuerza para despejar a manifestantes pacíficos y permitir así la caminata, y la amenaza de utilizar a los militares para reprimir a la población.

El almirante retirado Mike Mullen lo calificó como “un punto de inflexión”. El exsecretario de Defensa de Trump Jim Mattis fue aún más severo. “Es el primer presidente en mi vida que no trata de unir al pueblo americano, ni siquiera simula intentar hacerlo”, declaró el miércoles, y añadió, en relación con la amenaza de desplegar tropas: “Militarizar nuestra respuesta crea un conflicto, un falso conflicto, entre los militares y la sociedad civil".

El daño está hecho. Ya los militares están inmersos en las disputas políticas. ¿Qué seguirá ahora? Ante el rechazo generalizado, ¿se abstendrá Trump de agudizar el conflicto o persistirá en hacerlo? Y, si así ocurriera, ¿qué actitud tomarán los militares? Son preguntas impensables hasta hace poco en Estados Unidos. Pero, por desgracia, ya forman parte de esa turbia realidad de peligrosas rupturas que hoy lo envuelve.

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Twitter: @eduardoulibarr1

El autor es periodista y analista.