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Radar: Sí, debemos negociar

¿Por qué dos diputadas capaces abordan con tanta reticencia, y otro ve con suspicacia una práctica necesaria en democracia?

Luego de «conversar» con representantes del Poder Ejecutivo, la diputada Paola Vega, del PAC, accedió a retirar 30 mociones de reiteración sobre el plan de empleo público. Poco después, declaró: «No hice ninguna negociación con el gobierno». Hoy lo reitera en un derecho de respuesta; además, niega haberse reunido con la ministra de Planificación, como publicó La Nación. Su compañero Walter Muñoz (PIN) entró en sospechas y pidió conocer el «trasfondo» del asunto. Yorleny León (PLN) retiró 11 mociones tras reunirse con las jerarcas de la Presidencia y Planificación, pero declaró que ese encuentro fue solo un ejercicio para «aclarar» posiciones.

¿Por qué dos diputadas capaces abordan con tanta reticencia, y otro ve con suspicacia una práctica necesaria en democracia? Para mí, el problema es lo contrario: no negociar y tratar el proceso como sospechoso o indigno. Algo está muy mal en nuestras prácticas políticas cuando tal es la actitud.

Si en cualquier circunstancia negociar es parte de la dinámica democrática, cuando prevalece la fragmentación partidista —como ahora— su ejercicio se torna inevitable; incluso obligatorio: una divisa a exhibir, no una acción de la cual sospechar. Ojalá una dinámica permanente. Si nadie tiene mayoría, y la suma de dos bancadas (para peor, a menudo fragmentadas) no permite construirla, ¿qué opción existe si no negociar?

Gracias a ello, los diputados actuales aprobaron la reforma fiscal, la agenda para ingresar a la OCDE y el ordenamiento del derecho a la huelga, entre otras iniciativas. Espero que lo mismo ocurra con la ley de empleo público, que no es un proyecto fiscalista, sino de cambio estructural.

En 1983, Luis Alberto Monge y Rafael Ángel Calderón sellaron el acuerdo que permitió la constitución como partido permanente del PUSC. Este y José María Figueres suscribieron, en 1995, un «pacto de concertación», que era de gobernabilidad. En el 2011, las negociaciones entre Laura Chinchilla y Ottón Solís condujeron a la aprobación de una reforma fiscal, aunque luego la Sala IV la frenó por procedimiento.

Más allá de lo que opinemos sobre los resultados de esos tres casos, revelaron capacidad de negociación propositiva. Necesitamos más de esto. Es parte de una cultura democrática mínima y del impulso a la buena política.

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