Eduardo Ulibarri. 30 mayo

La India e Indonesia, la primera y tercera democracias más populosas del mundo, anunciaron la semana pasada los resultados de las elecciones más complejas que es posible imaginar. El domingo concluyeron las del Parlamento Europeo, sin paralelo como ejercicio transfronterizo.

Las tres reiteraron, de formas distintas, que ni el subdesarrollo, ni la fragmentación geográfica, ni la multiplicidad nacional, étnica, religiosa y lingüística son obstáculos insalvables para garantizar el derecho de elegir libremente. Pero también las tres revelaron, de nuevo con diferencias, que el sectarismo no cesa de acechar y golpear otra clave de la democracia: la tolerancia.

Moraleja: la democracia integral y la tolerancia hay que defenderlas cada día.

Las de la India se celebraron durante 39 días, en 7 fases destinadas a garantizar el derecho al voto de 900 millones de personas. Trabajaron 12 millones de funcionarios en un millón de centros de votación, distribuidos en más de 3 millones de kilómetros cuadrados. En Indonesia, un archipiélago de 17.500 islas, casi 2 millones de kilómetros cuadrados, 193 millones de votantes y alrededor de 300 lenguas, los desafíos logísticos fueron tan grandes o mayores. En la desarrollada Europa, el proceso se extendió por cuatro días en 28 países. Votó el 51,8 % de sus 350 millones de electores, un salto en participación, pero inferior al de la India (67 %) e Indonesia (82 %).

Como herramienta de campaña, Narendra Modi, reelegido holgadamente primer ministro, exacerbó los prejuicios antimusulmanes de la mayoría hinduista, una constante de su gobierno, que podría acelerarse. En Indonesia ocurrió a la inversa: el presidente reelecto, Joko Widodo, símbolo de inclusión étnica y religiosa, debió enfrentar a un vitriólico y sectario musulmán, quien generó violencia callejera tras conocer su derrota. En la UE, el repunte de los partidos de extrema derecha, en medio de creciente dispersión electoral, fue menor de lo que se esperaba. Prevaleció el amplio centro europeísta, pero existen razones para la inquietud.

La conclusión de tan diversos y ejemplares ejercicios políticos es que el fantasma de la intransigencia, con distintos ropajes, ha reactivado su vigor. Moraleja: la democracia integral y la tolerancia hay que defenderlas cada día. Su solidez, sin renovada energía, no puede garantizarse.

Twitter: @eduardoulibarr1

El autor es periodista.