Eduardo Ulibarri. 21 junio

Sé tanto del elemento químico llamado hidrógeno como de energía nuclear; es decir, casi nada. Por esto, no puedo terciar en la discusión sobre las dimensiones científicas y tecnológicas de su uso como combustible. Pero celebro que se dé. Aprendemos de ella y, además, está aportando valoración empírica, análisis sistemático, comparaciones objetivas y distanciamiento analítico para alimentar políticas públicas. Como ciudadano, lo agradezco.

¿Transporte limpio por hidrógeno o por electricidad? La decisión debe tomarse vía un riguroso análisis costo-beneficio, no corazonadas o simpatías

Lo que está de por medio en la polémica emergente (que hasta hace poco solo era un monólogo entusiasta) nos interesa a todos. Tiene que ver con la idea de que la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) amplíe su jurisdicción monopólica más allá de los combustibles fósiles y con la posibilidad de que trasladen recursos públicos a una empresa privada empeñada en la investigación, desarrollo y eventual uso generalizado del hidrógeno en el transporte público.

El historial de Recope revela que carece de la agilidad, la eficiencia, el acervo científico, el músculo tecnológico, la solidez financiera y la transparencia indispensables para incursionar en el dinámico ámbito de las energías renovables. Ampliar su monopolio, o impulsar su posición hegemónica en otras áreas, aunque sea mediante alianzas público-privadas, no tiene sentido. En esta última dimensión, nadie la buscará salvo para que financie proyectos de alto riesgo. La producción local de hidrógeno es uno de ellos.

Esto nos lleva a la única compañía que, hasta ahora, ha planteado la idea: Ad Astra Rocket. Encabezada por el científico-empresario Franklin Chang, su espíritu innovador genera admiración. Pero esta no es razón para que el Estado financie o adopte, sin discusión, una tecnología. ¿Transporte limpio por hidrógeno o por electricidad? La decisión debe tomarse vía un riguroso análisis costo-beneficio, no corazonadas o simpatías. Esto demanda, entre otras cosas, comparar opciones.

Para financiar las compañías que impulsan el uso del hidrógeno en el transporte, la respuesta son los fondos de capital de riesgo. Ellos sabrán valorar, mejor que Recope, sus ecuaciones financieras y técnicas. En cuanto al Estado, lo que le corresponde es analizar, con pragmatismo y base empírica, la mejor opción posible, y entonces decidir. No escoger a priori.

Correo: radarcostarica@gmail.com

Twitter: @eduardoulibarr1

Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).