Eduardo Ulibarri. 20 junio

Ante 20.000 partidarios inflamados por la misma retórica furibunda que lo llevó a la presidencia, Donald Trump abrió el martes su campaña a la reelección, aunque en verdad la comenzó desde que llegó a la Casa Blanca. El miércoles y jueves de la próxima semana, 20 de los 23 aspirantes demócratas —el mayor número en la historia estadounidense— se enfrentarán en dos debates por la cadena de televisión NBC: el inicio formal de su pugna por la candidatura, sobre todo, para quienes aún no han logrado reconocimiento nacional.

Bienvenidos —¿o no?— a otra temporada de guerra electoral, que por 17 meses hará más tóxico el debate político estadounidense.

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Si partimos de su discurso del martes, Trump impulsará de nuevo una campaña centrada en la polarización, el enojo, el miedo, los ataques y el uso antojadizo de verdades y mentiras. Curiosamente, su mayor ventaja objetiva —el crecimiento económico— no fue el eje de su arenga de 76 minutos, que además careció de una agenda coherente para un eventual segundo mandato. Quizá piense que la economía podría comenzar a desacelerarse y es mejor no apostar por ella, o esté esperando a que se defina su contendor para afinar mensajes; sin embargo, lo más probable es que de nuevo prevalecerá su sentido de la política como espectáculo y pugilato. ¡El show debe seguir!

La multitud de aspirantes y posturas es un factor de confusión y crispación para los demócratas. Sus mensajes van desde el proclamado socialismo de Bernie Sanders hasta el centrismo del exvicepresidente Joe Biden (por ahora favorito); sus posturas, desde la pirotecnia identitaria (por etnia o género) hasta la concentración en salud, ambiente o desigualdad, y sus públicos meta, desde obreros industriales que pretenden rescatar hasta entusiastas militantes jóvenes o afroestadounidenses, movilizadores de votantes. Si todo lo anterior sumara, sería ganancia, pero también puede generar choques internos difíciles de superar, que eventualmente debilitarían a su candidato o candidata.

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Una segunda campaña pugilística de Trump podría fracasar y abrir el camino a la oposición: la virulencia sin sustento agota. Pero me inquieta que los demócratas se consuman en pugnas internas y no se aglutinen alrededor de un candidato y mensaje triunfadores. Sería catastrófico.

Twitter: @eduardoulibarr1

El autor es periodista.