Eduardo Ulibarri. 23 mayo

Aquellos políticos, o aspirantes a serlo, que han hecho de los ataques contra el sistema electoral, en particular el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), una táctica recurrente para ganar notoriedad y erosionar la institucionalidad, deben de estar muy abatidos; el resto de los ciudadanos, muy complacidos. El Proyecto de Integridad Electoral (EIP, por sus siglas en inglés), esfuerzo conjunto de las Universidades de Harvard y Sídney, acaba de publicar un informe que otorga a Costa Rica la más alta calificación latinoamericana y novena mundial en la materia. Con 79 puntos en una escala de 100, superamos a democracias tan reconocidas como Suiza (por un mínimo margen), Francia, Canadá, Bélgica, Austria. Estados Unidos quedó en el puesto 57.

El estudio ratifica una realidad que muchos especialistas han analizado y los votantes vivimos. Como ejemplo, un dato: en las encuestas del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica, el TSE es el poder estatal sistemáticamente mejor calificado.

El EIP, sin embargo, no se limita a evaluar instituciones. Su objetivo es más amplio: determinar la integridad sistémica de los procesos electorales. Esto implica tomar en cuenta, además de las autoridades, aspectos como legislación, financiamiento y procedimientos electorales, registro de votantes, conteo de sufragios y cobertura mediática. La tarea se le encomienda, en los 166 países analizados, a un conjunto de expertos; en nuestro caso, a 17.

Al igual que en otros índices, en este hay grandes discrepancias entre sus 11 indicadores. Por ejemplo, en el 2018 las dos mejores notas, en Costa Rica, las reciben las autoridades electorales (92, quinta más alta del mundo) y el cómputo de votos (89). A mucha distancia, las más bajas son las de cobertura mediática (59) y financiamiento (61). Esto nos alerta sobre la necesidad de mejor calidad informativa, que depende de actores múltiples y autónomos, y de procedimientos más transparentes, justos y eficaces para financiar a los partidos, que depende de reformas legales.

Sin duda hay trabajo por hacer. El resultado siempre será disímil y nunca perfecto. Pero la situación general es muy sólida. Desde ella hay que defender y perfeccionar nuestro sistema electoral. El desinterés no se vale.

Vea el estudio completo en www.electoralintegrityproject.com

@eduardoulibarr1

El autor es periodista.