Eduardo Ulibarri. 22 noviembre, 2018

Tomo prestado un título de Octavio Paz para dar tono literario a lo obvio: vivimos tiempos nublados. Envuelven, en particular, la economía, pero se desbordan a otros ámbitos, entre ellos, la política. Sus principales rasgos locales son la desaceleración económica, el repunte del desempleo, la crisis fiscal a punto de estallar y la devaluación del colón. Además, sobre este terreno anegado ha llovido una huelga cruel. Afuera las señales son mixtas: ha bajado el petróleo, pero pronto podría subir; Estados Unidos tiene un crecimiento razonable, pero parece perder ímpetu; los tipos de interés, aún bajos, están al alza; y las guerras comerciales iniciadas por Trump pronto pasarán la cuenta.

Nos acecha el riesgo de una profecía autocumplida

No en balde el índice de confianza del consumidor, que calcula la Escuela de Estadística de la UCR, bajó 10 puntos entre mayo y agosto, la peor caída en el primer trimestre de un gobierno desde el 2006, y la encuesta divulgada el miércoles por su Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP) documenta el mayor porcentaje de opiniones negativas sobre el rumbo del país (70 %) en los cinco años de realizarla.

Este alineamiento entre realidades y percepciones, además de lógico, es inquietante. Puede precipitarnos en una espiral pesimista, que potencie lo negativo y neutralice lo positivo. Nos acecha el riesgo de una profecía autocumplida.

La respuesta, conceptualmente, es simple: administrar con destreza lo que no podemos cambiar (factores externos) o ya nos cayó encima; conjurar los males que, al menos en abstracto, sí podemos controlar (política económica); y abrir el camino para generar crecimiento. Pero el cómo plantea descomunales dificultades, sobre todo, políticas.

Al contrario que la mayoría en la encuesta del CIEP, creo que el gobierno está haciendo bien mucho de lo necesario; además, el músculo de nuestro dinamismo es robusto. Sin embargo, aparte de las barreras que otros levantan, no ha superado una debilidad propia: la falta de un relato esperanzador, pero a la vez realista, que articule las medidas urgentes para evitar más deterioro, los logros puntuales que revelen impacto y la visión estratégica para los tres años y medio que restan. Un buen relato no cambiará la realidad, pero si lograra reorientar las percepciones facilitaría la tarea.

Twitter: @eduardoulibarr1

Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).