Eduardo Ulibarri. 28 mayo

¿Tiene sentido, cuando estamos en modo de emergencia, discutir sobre el mediano y largo plazo? La Contraloría y el presidente ejecutivo del Banco Central, Rodrigo Cubero, responden, implícitamente, que sí. Tienen razón.

Si al atender los monumentales riesgos de esta extrema coyuntura descuidamos los acumulados retos de las tendencias y estructuras (demográficas, institucionales, tecnológicas, ambientales o sociales), es probable que respondamos peor a los primeros y dejemos que se agraven los segundos. Por esto, debemos, cuando menos, comenzar a discutirlos en serio y atender las urgencias de hoy sin desdeñar las de mañana. Don Rodrigo nos llama a repensar el financiamiento de nuestra seguridad social; la Contraloría, a revisar gastos fijados por la Constitución. El objetivo de ambos es buscar marcos y medidas que nos permitan atender las exigencias generadas por transformaciones de gran calado antes de que sea demasiado tarde. Y estamos muy cerca del límite.

Si al atender los monumentales riesgos de esta extrema coyuntura descuidamos los acumulados retos de las tendencias y estructuras, es probable que respondamos peor a los primeros y dejemos que se agraven los segundos

Cargar el costo de nuestra seguridad social casi exclusivamente sobre las contribuciones obrero-patronales encarece el trabajo, fomenta la informalidad y atiza el desempleo. Resultado: menor recaudación de la Caja y mayor necesidad de subir cuotas, lo cual hace aún más caro el empleo y alimenta un círculo vicioso para la estabilidad del sistema, que ya se nota, sobre todo en pensiones. Por ello, la solución, casi inevitable, será trasladar parte del financiamiento a tributos generales. Don Rodrigo sugiere aumentar el IVA, pero podrían buscarse opciones distintas o complementarias. Esto bajaría el costo el empleo formal y ampliaría la base de las contribuciones: quizá un círculo virtuoso.

El envejecimiento de la población aumenta el reto anterior porque debilita de manera creciente la proporción entre las personas en edad productiva y aquellas que la han superado, y, por tanto, demandan más recursos de los que generan. De ahí la propuesta contralora de revisar destinos específicos constitucionales creados cuando existían otros desafíos demográficos, pero también educativos, tecnológicos y ambientales.

El mensaje común es que, ante condiciones cambiantes, las respuestas no pueden estar ancladas en un pasado distinto. Quizá el modo de “emergencia” de hoy nos haya hecho comprenderlo mejor.

Twitter: @eduardoulibarr1

El autor es periodista y analista.