Eduardo Ulibarri. 20 agosto

En materia sanitaria, económica y social, estamos lejos de una “nueva normalidad”, cualquiera que esta sea. Sin embargo, la última encuesta del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR, sugiere que, en opinión pública, volvimos a la “vieja”, con leves mejoras.

Si comparamos los resultados de este mes con los del estudio más cercano —en abril—, el apoyo al presidente y el gobierno han caído dramáticamente. Pero entonces estábamos en una virtual luna de miel pandémica: sin gran impacto económico aún, con pocos casos y un cierto orgullo popular por el control de la covid-19, el apoyo subió de forma insólita. En relación con la encuesta de noviembre del 2019, en cambio, la gente es menos severa en sus respuestas. Además, se mantienen valoraciones muy positivas de instituciones clave. Más importante aún, el respaldo a la democracia está en alto nivel.

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A finales del año pasado, las opiniones positivas sobre la gestión de Carlos Alvarado apenas llegaban al 22 %; las negativas, a un inquietante 59 %. En abril, las primeras subieron 43 puntos y las segundas bajaron 39: una mejora excepcional, pero no sorprendente, que siguió la pauta en otros países. Lo único que podía pasar desde entonces era que retrocedieran, conforme los costos socioeconómicos y desgastes por la pandemia se hicieran sentir. Y lo hicieron, pero con resultados mejores que en noviembre: 26 % positivas y 50 % negativas.

Las notas a instituciones clave, en general, también están por encima de ese mes; la Caja, por ejemplo, recibió un 81, contra 63 entonces, y apenas cuatro puntos por debajo de abril. Hasta los partidos, la Asamblea Legislativa y los sindicados, punching bags favoritos, mejoraron algunas centésimas. Y el apoyo a la democracia, si excluimos el salto de hace cuatro meses, es el más elevado desde el 2004.

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Estos comentarios no implican complacencia. Los efectos sobre el empleo y la inseguridad económica son enormes. La situación puede empeorar antes de mejorar. Y si bien es inexacto proclamar su desplome, no basta con que el gobierno y las instituciones se consuelen mirándose al espejo de peores valoraciones previas, sino que aspiren, con hechos, a mejorar. Porque del desempeño institucional depende, en buena medida, la firmeza de la democracia.

Twitter: @eduardoulibarr1