Eduardo Ulibarri. 23 agosto

Mi frase favorita del VII Informe Estado de la Educación se reduce a seis palabras: “Enfocar la mirada en las aulas”. Surge de su diagnóstico decepcionante, generado por rigurosas indagaciones, y constituye un marco conceptual y operativo preciso para los cambios que propone.

El documento, divulgado el miércoles, revela que, salvo en educación preescolar, que ha crecido notablemente, nos estancamos en cobertura. No hemos avanzado en calidad. Padecemos agudos rezagos en la aplicación de las reformas curriculares y los nuevos métodos y tecnologías en la enseñanza. Muchas escuelas universitarias de Educación son malas y la mayoría están desconectadas de las prioridades del sistema. Las cadenas de mando y gestión se mueven entre la parálisis y el caos. Y el fermento de conflictividad activado por la huelga del 2018 aún palpita.

Es una alerta roja. Hemos descuidado a los estudiantes y la dinámica pedagógica, a pesar de que el éxito o fracaso de la educación depende de la interacción entre docentes y alumnos. Lo demás debe existir y gestionarse para enriquecerla al máximo.

En su conjunto, los anteriores y otros hallazgos que no caben en esta columna “sugieren la existencia de un problema fundamental: la poca prioridad que, en la práctica, tienen los estudiantes dentro del sistema”, con el agravante de tres “cuellos de botella”: la inadecuada preparación docente, los pésimos mecanismos de contratación e inducción y la carencia de instrumentos para aquilatar su desempeño y estimular el desarrollo profesional.

Es una alerta roja. Hemos descuidado a los estudiantes y la dinámica pedagógica, a pesar de que, en última instancia, el éxito o fracaso de la educación depende de la interacción estimulante o decepcionante, creativa o rutinaria, responsable o desdeñosa, entre docentes y alumnos. Lo demás debe existir y gestionarse para enriquecerla al máximo.

Ante estas realidades, el informe convoca a romper el statu quo y “alzar el vuelo con esperanza”. La bella frase no se queda allí. También abundan las propuestas. Rescato tres de las más sugestivas: crear un sistema nacional de evaluación independiente del MEP, implementar un expediente digital para cada estudiante y dar mayor autonomía a los centros educativos con mejor desempeño a lo largo del tiempo.

¿Pasaremos de las ideas a la acción proactiva y eficaz? No percibo mucho ímpetu en las autoridades educativas y sí gran resistencia en los gremios. Mientras, el tiempo pasa, varias oportunidades se escapan y la desigualdad educativa crece.

Twitter: @eduardoulibarr1

El autor es periodista.