Eduardo Ulibarri. 16 mayo, 2019

La Tierra es plana, aunque los astrónomos digan otra cosa. La evolución de las especies, un invento de materialistas victorianos para contradecir los designios de Dios y degradar la dignidad humana. ¿La contracepción de emergencia? Una técnica abortiva disfrazada de píldora para alcahuetear conductas inmorales.

El calentamiento global es una patraña para impedir el progreso y generar pobreza; entiendan que el cambio climático responde a ciclos normales que, como vienen, se van. Las vacunas producen autismo, pero una turbia coalición de empresas farmacéuticas y burócratas de la salud intenta ocultarlo; su móvil: el dinero.

Rechazo todo lo que acaban de leer. Lo escribí para condensar en dos párrafos cinco enormes falacias que, a pesar de negar la evidencia científica, el juicio experto, el razonamiento crítico y hasta el sentido común, se han instalado y expanden en diferentes “tribus” de hoy.

Distorsiones como estas van más allá de lo irracional y se proyectan a otras dimensiones. Se convierten en autos de fe a los que solo puede llegarse negando pruebas. Por esto, generan intolerancia.

Darle a nuestro planeta la condición de galleta gigante o insistir en que venimos directamente de Adán y Eva puede sonar a demencia, pero va más allá porque pretende esterilizar el conocimiento. El daño es peor si, por dogma, se le impide a una mujer inexperta, descuidada o violada la opción de evitar el embarazo con una píldora poscoital. Negar el cambio climático o rechazar las vacunas tiene dimensiones aún más serias y perversas: son claros atentados (el primero irreversible) a la supervivencia humana, en particular, de las nuevas generaciones.

Distorsiones como estas van más allá de lo irracional y se proyectan a otras dimensiones. Tienen algo de misticismo religioso o secular (escoja), de pensamiento mágico y búsqueda de identidad por diferenciación; se convierten en autos de fe a los que solo puede llegarse negando pruebas. Por esto, generan intolerancia.

Presumo que una sociedad como la nuestra, apegada a la educación y la prudencia, y comprometida con la salud y el ambiente, no será terreno fértil para estas corrientes. Pero tampoco puedo desdeñar el efecto del fanatismo, ya infiltrado en nuestro debate público. El reto inmediato es cómo impulsar la evidencia científica y la razón con mensajes accesibles y atractivos, y crear barreras eficaces contra el imperio de los absurdos y dogmas. La tarea no es fácil, pero sí urgente.

@eduardoulibarr1

El autor es periodista.