Eduardo Ulibarri. 16 mayo

La Tierra es plana, aunque los astrónomos digan otra cosa. La evolución de las especies, un invento de materialistas victorianos para contradecir los designios de Dios y degradar la dignidad humana. ¿La contracepción de emergencia? Una técnica abortiva disfrazada de píldora para alcahuetear conductas inmorales.

El calentamiento global es una patraña para impedir el progreso y generar pobreza; entiendan que el cambio climático responde a ciclos normales que, como vienen, se van. Las vacunas producen autismo, pero una turbia coalición de empresas farmacéuticas y burócratas de la salud intenta ocultarlo; su móvil: el dinero.

Rechazo todo lo que acaban de leer. Lo escribí para condensar en dos párrafos cinco enormes falacias que, a pesar de negar la evidencia científica, el juicio experto, el razonamiento crítico y hasta el sentido común, se han instalado y expanden en diferentes “tribus” de hoy.

Distorsiones como estas van más allá de lo irracional y se proyectan a otras dimensiones. Se convierten en autos de fe a los que solo puede llegarse negando pruebas. Por esto, generan intolerancia.

Darle a nuestro planeta la condición de galleta gigante o insistir en que venimos directamente de Adán y Eva puede sonar a demencia, pero va más allá porque pretende esterilizar el conocimiento. El daño es peor si, por dogma, se le impide a una mujer inexperta, descuidada o violada la opción de evitar el embarazo con una píldora poscoital. Negar el cambio climático o rechazar las vacunas tiene dimensiones aún más serias y perversas: son claros atentados (el primero irreversible) a la supervivencia humana, en particular, de las nuevas generaciones.

Distorsiones como estas van más allá de lo irracional y se proyectan a otras dimensiones. Tienen algo de misticismo religioso o secular (escoja), de pensamiento mágico y búsqueda de identidad por diferenciación; se convierten en autos de fe a los que solo puede llegarse negando pruebas. Por esto, generan intolerancia.

Presumo que una sociedad como la nuestra, apegada a la educación y la prudencia, y comprometida con la salud y el ambiente, no será terreno fértil para estas corrientes. Pero tampoco puedo desdeñar el efecto del fanatismo, ya infiltrado en nuestro debate público. El reto inmediato es cómo impulsar la evidencia científica y la razón con mensajes accesibles y atractivos, y crear barreras eficaces contra el imperio de los absurdos y dogmas. La tarea no es fácil, pero sí urgente.

@eduardoulibarr1

El autor es periodista.