Eduardo Ulibarri. 15 octubre

La advertencia debe ser tomada muy en serio, no solo por Liberación, sino por todos los partidos. La planteó el académico, exministro, exdiputado y expresidente liberacionista Francisco Antonio Pacheco. A raíz de una propuesta de sus alcaldes, dirigida a aumentar su poder interno y modificar la forma de elegir candidato presidencial, alertó sobre la posible municipalización del PLN.

No importa cómo se le llame (¿quizá alcaldización?), el trasfondo de la inquietud supera su blanco específico. Toca un mal al que no escapa ningún partido: la tendencia a encerrarse en los juegos internos, las luchas de poder y los bloqueos o impulsos de aspiraciones personales, en lugar de poner el ojo en lo esencial. Me refiero a qué plantear al país y cómo responder a un electorado cada vez más fragmentado, infiel, exigente y escéptico.

Sabemos que la época de las lealtades partidistas pétreas pasó, que los amarres ideológicos están diluyéndose y que las usuales anclas de identidad política andan sueltas. En su lugar, prevalecen referentes temáticos y aspiraciones múltiples y coyunturales. Al interactuar con las condiciones sociodemográficas —edad, sexo, educación, lugar de residencia, ubicación laboral o nivel de ingresos— en una sociedad crecientemente fragmentada y pugnaz, ponen a los partidos, y al país, ante enormes desafíos.

Cómo responder a ellos y, así, contribuir a la búsqueda de soluciones nacionales y a mantener vigencia organizacional y electoral debería ser la gran preocupación de sus líderes. Sumergirse en las intrigas internas, en cómo apuntalar pequeñas tribus locales o sectoriales, o en forjar alianzas o intrigas solo por puestos, no propuestas, es la antítesis de lo que realmente importa. Y cuanto más un partido se sumerge en ella, más sube el riesgo de irrelevancia.

A Pacheco, uno de sus más ilustrados miembros, le preocupa Liberación. Razones le sobran. Pero las demás agrupaciones, aunque con recetas, tradiciones y maniobras distintas, enfrentan problemas similares o peores. Mientras, en un entorno de crisis múltiple, los electores se repliegan, los intereses grupales se endurecen, la parálisis en las decisiones se agudiza y el riesgo del populismo crece. El problema no son solo alcaldes miopes, sino también dirigentes que han perdido visión.

Twitter: @eduardoulibarr1