Eduardo Ulibarri. 26 julio, 2018

Desde que Franklin D. Roosevelt acuñó el término en 1933, para enmarcar los profundos cambios con que arrancó su presidencia, “los primeros cien días” comenzaron a calar en el vocabulario y dinámicas gubernamentales alredor del mundo. En Costa Rica se han convertido en un inevitable –y simplista– termómetro de cualquier administración. ¿Qué planteará la de Carlos Alvarado para calmar los apetitos mediáticos y articular una imagen convincente de su acción al alcanzar esa cifra, el 16 de agosto?

Necesitará una mezcla entre pilares de gran calado apenas en construcción y que tendrán resultados diferidos, y acciones que “se sientan y vean” en el hoy concreto de la gente.

La seguridad y los derechos sexuales y reproductivos son particularmente críticos

Existen grandes aciertos en sus señales, objetivos y propuestas. Uno es la naturaleza e integración del gobierno: sea que lo llamemos de “unidad nacional” o solo híbrido, ha ampliado su huella política, conjugado sectores y talentos relevantes y generado confianza. A esto añado abordar la crisis fiscal con medidas y vigor inéditos; si solo lograra domar esta bestia, su legado sería notable. Y allí están también varias metas enunciadas al asumir la Presidencia: educación pertinente y de calidad, seguridad ciudadana integral, eficiencia en los servicios de salud, balance entre ambiente y desarrollo, movilidad e infraestructura pública, y empleo y bienestar con visión territorial.

El problema es que nada de lo anterior es tangible, ni se logrará a corto plazo.

Moraleja: un gran desafío hacia los cien días es cómo convertir la ruta señalada –que necesitará mucha acción legislativa– en un relato integrado y convincente, en una visión inspiradora que, además, rinda frutos progresivos y satisfaga a sectores clave en su base de apoyo. La seguridad y los derechos sexuales y reproductivos son particularmente críticos.

Las expectativas públicas lo enfrentan a otro reto: mostrar logros concretos en ámbitos cercanos; por ejemplo, obra pública, programas del INA o aligeramiento de trámites. La conversión de todo esto en una imagen clara pasa por la comunicación. Aquí, hasta ahora, ha faltado suficiente coherencia; peor, tanto el presidente como su ministro de Educación han cometido innecesarios deslices verbales. Es hora de revisar métodos, proyección y lenguaje.

radarcostarica@gmail.com; @eduardoulibarr1

Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).