Eduardo Ulibarri. 28 febrero

Entre los verbos clave de la política, uno destaca en el ámbito legislativo: calibrar. Se trata de generar una adecuada proporción entre los fines perseguidos y las acciones para alcanzarlos. Si estas pecan de insuficiencia o exceso, peligrará el objetivo; peor aún, podrían surgir efectos graves secundarios.

Al entorpecer, el miércoles, la votación en el plenario de las reformas al reglamento legislativo, como represalia a una iniciativa del Ejecutivo que en nada se relaciona con él, la fracción del PUSC descalibró –y descarriló– su actuar.

El PUSC apuntó mal porque las modificaciones al reglamento no surgieron del Ejecutivo, sino de los diputados para mejorar su quehacer

Los hechos: con el fin declarado de generar mayor discusión, el Ejecutivo retiró de la corriente legislativa un proyecto del jefe de fracción socialcristiano, Erwen Masís, para restringir el uso del plástico. Actuó a derecho, pero con mal cálculo sobre las sensibilidades de por medio. Como reacción, el PUSC hizo algo peor. No disparó al Ejecutivo, sino hacia un blanco desmesurado y equivocado: retiró su apoyo a la reforma del reglamento, lista para votarse el miércoles, y exigió, para dárselo de nuevo, condiciones aún más desconectadas de ella. ¿Rabieta? Masís la mencionó como móvil, aunque para negarlo. ¿Irresponsabilidad? No puede descartarse. Prefiero pensar en algo más neutro y enmendable: mala calibración.

El PUSC apuntó mal porque las modificaciones al reglamento no surgieron del Ejecutivo, sino de los diputados para mejorar su quehacer. Además, amplió en exceso el blanco de sus disparos (perdón por el lenguaje de cacería), al introducir entre sus exigencias temas multifactoriales y de acción lenta, como la reactivación económica y el “desencanto” por el desempleo. Siguió así, presumo, sin proponérselo, las tácticas sindicales durante la huelga contra la reforma fiscal: blanco errado y exigencias inatendibles.

Para calmar las aguas y evitar un desastre, los diputados decidieron postergar para el lunes la votación sobre el reglamento. Como necesita 38 votos, la capacidad de bloqueo del PUSC es grande. Si no cambia, los efectos secundarios contaminarían toda la dinámica legislativa. Mi esperanza: que el fin de semana los socialcristianos calibren sus armas y practiquen la puntería con balas menos letales y que el Ejecutivo ajuste con finura sus engranajes negociadores.

El autor es periodista.