Eduardo Ulibarri. 27 agosto

Para alcanzar y ratificar un acuerdo stand-by (de derechos de giro) con el Fondo Monetario Internacional, el gobierno no deberá conducir una, sino tres negociaciones: con el FMI, los diputados y varios sectores de influencia. Ninguna será fácil y todas requerirán un gran despliegue de habilidad, prudencia y, al final, determinación.

Con el Fondo el mayor desafío será económico-financiero, pero con trasfondo político: cómo establecer balances y distribuir sacrificios, indispensables ante una situación económica tan precaria. Con los diputados, se invierte la figura: esencia política, porque de sus votos dependerá la ratificación, pero con referencia a dimensiones técnicas. Y con los sectores, la clave estará en el equilibrio y la compensación de impactos.

Presumo que no será tan difícil llegar a un acuerdo con el FMI. Por un lado, el repertorio de medidas posibles es reducido; por otro, la institución ha evolucionado mucho, desde un énfasis cuasi dogmático en la austeridad, a otro más flexible e integral, potenciado por dos hechos: la crisis económica actual y el abordaje de su directora gerente, Kristalina Georgieva, en funciones desde hace un año.

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En la Asamblea Legislativa, el panorama es más incierto. Si conseguir 38 votos para un crédito sin condiciones ha sido tan complejo, otro, cinco veces mayor y con requisitos, lo será más. Del PAC, el PLN, Restauración, se pueden esperar cuestionamientos y críticas, pero podrán allanarse con respuestas convincentes. En cambio, el PUSC y Nueva República son la mayor caja de sorpresas: ¿Demostrarán la misma responsabilidad que con la agenda de la OCDE o el sector socialconfuso del primero y los testimonialistas del segundo se dedicarán a bloquear?

Con los grupos de interés las posibilidades de un acuerdo global son mínimas, dada su disparidad de intereses. Por ello, será fundamental buscar equilibrios razonables, que el gobierno pueda explicar con claridad, tanto a ellos como al conjunto de la sociedad y los diputados. Los tres frentes requerirán del Ejecutivo un grado de claridad estratégica, destreza táctica y capacidad comunicativa del que, hasta ahora, ha estado ayuno. Es hora de trabajar en esto, alinear cuadros, definir voceros, articular argumentos y, sobre todo, evitar contradicciones que generen confusión.

Twitter: @eduardoulibarr1