Fernando Durán Ayanegui. 8 junio

Haya regocijo. El español cuenta con un Nobel de literatura adicional: tras declarar que abandona el inglés a modo de protesta contra el imperialismo cultural, el gran escritor sudafricano John M. Coetzee adoptó, como lengua original de sus futuras obras, la de Borges y Cervantes. Después de haber residido en Estados Unidos, Inglaterra y Australia, se radicó en Suramérica e inició su nueva época lanzando el más reciente libro: Siete cuentos morales (no Seven Moral Tales). Su caso se suma a los de Conrad, Nabokov, Skvorecky, Cioran y Kundera, que dieron el salto desde sus lenguas maternas para pasar a escribir en inglés o francés.

Conservo ejemplares de casi todas los libros de Coetzee —varios de ellos están cedidos en préstamo, y ya se sabe lo que puede ocurrirles—, incluido Dusklands, en el que figura su primer relato, The Vietnam Project, publicado en 1973 y traducido al español con el torpe título de Tierras de poniente. En él se narra la historia de Eugene Dawn, quien, al servicio del Departamento de Defensa de Estados Unidos como experto en mitografía propagandística y guerra psicológica durante el conflicto de Vietnam, enloquece a causa de la confusión moral que él mismo se va infligiendo conforme sus recomendaciones influyen para hacer que los militares sean cada vez más despiadados en sus agresiones contra la nación vietnamita. “Justificamos la eliminación de las aldeas enemigas llamándolas fortificaciones, aun cuando el verdadero valor de esas operaciones consiste en demostrar a los Vietcong cuán vulnerables son, en su ausencia, sus hogares y sus familias. Nuestras atrocidades serán indemostrables porque el 95 % de las aldeas que borramos del mapa ni siquiera figuraban en él”, proclama Dawn mucho antes de la masacre de Mÿ Lay. Con fines algo diferentes, este procedimiento sería copiado más tarde en América Latina con la “política de los falsos positivos”: masacrar inocentes para contabilizar sus cuerpos como insurgentes muertos.

“Nuestro futuro no está en la tierra sino en las estrellas; mostrémosle a nuestro enemigo que se encuentra desnudo en un paisaje moribundo”, alecciona Dawn a los militares para convencerlos de efectuar bombardeos de tierra arrasada rociando las selvas y los campos agrícolas con sustancias químicas tóxicas de efecto permanente.

El autor es químico.