Fernando Durán Ayanegui. 4 agosto

“La realidad es que la contaminación de aguas y suelos con desechos sólidos, y de la atmósfera con gases de efecto invernadero, son casos de desorden planetario provocados por la búsqueda de reales o supuestas ventajas económicas; una imprevisión cuyos efectos ahora tratamos de paliar por medios que se adivinan insuficientes, si no inútiles. Esto prueba que nuestra civilización obvió algo que en el ámbito hogareño, y en el de la física, es de sentido común: el costo de eliminar el desorden siempre será mayor que el valor de las ventajas obtenidas al crearlo”. Este es el párrafo introductorio del ensayo La acatastasia en el mundo, que un laborioso amigo nuestro amenaza con publicar. En un intento por disuadirlo, le hicimos ver que no todos los neologismos son útiles, pues algunos de ellos, aun cuando sean de linaje griego, corren la suerte de muchas especias biológicas: aparecen, pero se extinguen pronto, sin alcanzar a dejar huella en los registros, ya sean fósiles o escritos.

“De otro modo, estaríamos hasta las orejas de especies vivientes raras, y en la imposibilidad de entendernos por medio de la palabra”, le advertimos.

No dio el brazo a torcer. Insistió en la futilidad de los esfuerzos que se hacen para reducir la catastrófica cantidad de fragmentos de plástico puestos a flotar en ríos, lagos y mares mientras no se le dé respuesta al problema que plantean las micropartículas de ese material, que hasta la sal de cocina contaminan. “Hay quienes proponen métodos estrafalarios para extraer de la atmósfera los gases contaminantes. Y cada vez que leo algo sobre eso solo atino a preguntarme cómo no lo pensaron antes de montar el desastre”, sentenció y afirmó que lo mismo piensa de las discusiones que se dan entre altos jerarcas de Estados y de organismos internacionales, en vanos intentos por resolver los desórdenes políticos, económicos y migratorios que ellos mismos generaron al propiciar, taimadamente, golpes de Estado y otras acciones destructivas. “No pensaron ni por asomo en el bienestar de los habitantes de los países que descuartizarían”, editorializó a viva voz.

"Ya saben”, concluyó, “eso es lo que llamo acatastasia. En griego significa desorden material, político o social, y como todo lo que en griego suena a trivialidad, en español parece científico…”.